Nueva ofensiva, nuevas tácticas
En 2022, el ejército ucraniano intentó avanzar con operaciones terrestres convencionales, pero se encontró rápidamente con las fuertes defensas rusas, incluidas minas y campos fortificados. Este fracaso llevó a Ucrania a buscar alternativas más creativas, resultando en la actual incursión en la región de Kursk, un área menos defendida y, por lo tanto, más vulnerable a un ataque sorpresivo.
Sanzo señaló que, a pesar del éxito inicial de esta operación, que permite a Ucrania presentarse como más fuerte de lo que realmente es, los objetivos a largo plazo son más políticos que militares. Ucrania busca crear una imagen de fortaleza para conseguir el apoyo continuo de sus aliados occidentales y para entrar en futuras negociaciones desde una posición de fuerza. Esta estrategia, aunque arriesgada, podría permitir a Ucrania intercambiar territorios ocupados por concesiones en otros frentes más críticos, como la central nuclear de Zaporizhia.
¿Cómo respondió Rusia?
Aunque Rusia respondió con la movilización de unidades militares con experiencia en el Dombás, Sanzo advirtió que la incursión ucraniana podría complicar significativamente la posición rusa en este frente, especialmente si no desvía más recursos para expulsar a las tropas ucranianas de Kursk. Sin embargo, esto no parece ser una prioridad inmediata para Rusia, que sigue centrada en su avance en el Dombás.
Finalmente, Sanzo habló sobre los riesgos estratégicos de esta incursión, tanto para Ucrania como para Rusia, y la posibilidad de que este conflicto se adentre en terrenos aún más peligrosos, incluyendo la eventual consideración de opciones nucleares por parte de Rusia. Aunque Sanzo consideró improbable un uso inminente de armas nucleares tácticas, advirtió que la constante transgresión de las "líneas rojas" podría llevar a un escenario más volátil y peligroso.
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