¿Cuál es la importancia de este tipo de campañas que tal vez no transmitan cierta épica antifascista peliculera que la gente tiende a tener en la cabeza? ¿Cuál la de las redes?
El fascismo en sus formas actuales combina bajo nuevas máscaras su vieja identidad y violencia y una elaborada estrategia de comunicación y guerra cultural. Como parte importante de todo esto, está la generación de mensajes que de forma masiva y generalizada, por canales que permiten amplia difusión, están dirigidos a normalizar sus discursos de odio como una opinión más. Eso pretende marcar y ganar los marcos del debate, de forma que se rompa el consenso de lo que es aceptable respecto a derechos humanos. Si consiguen esto, ganan antes de enfrentarse. Por tanto, debemos ser capaces de construir, como explica Pol Andiñach, un «antifascismo de espectro amplio». Una dinámica que permita a la mayoría de la sociedad democrática pasar a la ofensiva, plantar cara y frenar el avance de su odio, desde muy diversas acciones y en todos los frentes. Con una campaña como No Financies el Odio, de forma no violenta, pero firmemente antifascista y sin entrar a debatir en sus términos y trampas, se puede combatir su discurso de intolerancia en un plano estratégico muy importante: el de su financiación.
El primer objetivo No Financies el Odio ha sido Mediterráneo Digital, un digital valenciano de ultraderecha. Han respondido acosándole personalmente.
La campaña está dando muy buen resultado, y ya se ha producido una retirada de la publicidad de empresas, algunas muy destacadas, de esa web, como pueden ser Ikea, Banco Santander, Volkswagen, Tiendanimal, Aproop, así como directamente empresas proveedoras de publicidad como Taboola, Outbrain, The Moneytizer, Traffective o Dailymotion. Estos últimos calificaron el discurso de Mediterráneo Digital como «atroz y discriminatorio» y la mayoría de compañías nos han agradecido el aviso. También Patreon les ha cerrado la cuenta. La reacción ha sido primero intentar borrar rastros de su discurso de odio, como titulares donde usaban términos racistas, homófobos, transfobos… o el tuit donde celebraban el cumpleaños de Hitler y después, sí, iniciar una campaña de acoso personal contra mí, creando fake news y calumnias, para tratar de denigrarme como docente. Han llegado incluso a dirigir a su audiencia mensajes en redes con mi foto y comentarios tipo «se busca» o «qué hacemos con él». Como son incapaces de responder políticamente, pues han quedado en evidencia, recurren al matonismo más rastrero.
Usted es valenciano. ¿Cómo se vive el auge de la ultraderecha en esa tierra que, en la historia reciente, ha sido fértil para esas ideas, y donde ciertas vertientes del PP representaron tempranamente una especie de trumpismo local?
Estamos viendo un resurgir de viejos conocidos, más desbocados que de costumbre, pues ya no están bajo control del PP, pero que no son algo nuevo. Aunque esto no lo hace menos preocupante. Si las fuerzas progresistas del Govern del Botànic no hacen bien los deberes, existe el riesgo de una involución política y democrática a manos de una de las peores derechas extremas. En el País Valenciano tenemos experiencia en esta materia. Durante la Transición se gestó un populismo agresivo de características fascistoides, apelando a chovinismos localistas y al odio a lo intelectual y a un supuesto enemigo catalán. De aquello, en un contexto de impunidad para la violencia ultraderechista, se nutrió la derecha valenciana, con un PP que siempre tuvo un perfil muy ultra, y que gestó liderazgos populistas hegemónicos a lomos de la burbuja del ladrillo. Perfiles grotescos y ultras que hoy vemos a nivel nacional con Ayuso o cualquier dirigente de Vox, gobernaron aquí, y el desarme cultural de la izquierda mayoritaria les facilitó victorias. La alternativa se construyó con trabajo prolongado de muchas luchas durante la travesía en el desierto. Para hacer frente a situaciones así es fundamental no dejarse ganar la partida en el campo cultural y construir siempre estructuras de base que conquisten espacios y planteen batallas.
Háblenos de És País Valencià, el colectivo que promueve la campaña.
És País Valencià es una asociación cultural que constituimos recientemente un grupo de personas de diversas sensibilidades y recorridos en el mundo de la izquierda del País Valenciano. Nuestra intención es construir una casa común a la sociedad progresista y valencianista, una factoría de ideas desde la que poner en marcha dinámicas de formación y activismo que alimenten a las diversas izquierdas y generen dinámicas de influencia en la política y en la sociedad valencianas. Desde unos valores antifascistas, anticapitalistas, feministas y en pro de la democratización social. Creemos que es muy importante dar la batalla cultural para romper los marcos hegemónicos que ha impuesto el capitalismo, de forma que podamos abrir el camino a imaginar una sociedad diferente y mejor. Porque si no, al final las fuerzas progresistas acceden al gobierno pero no al poder; siguen operando bajo las reglas y marcos que la burguesía y el capitalismo han construido.
Por Pablo Batalla Cueto (vía La Marea)