Horacio cursó la secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA). Después, comenzó a estudiar Biología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) mientras trabajaba en una firma importadora. En enero de 1976, antes del golpe de Estado, empezó el Servicio Militar Obligatorio (SMO). Lo destinaron a Bahía Blanca. Según él les contó a sus padres, lo tenían en calidad de “observado” y leían sus cartas.
En agosto de 1976, le habían dado permiso para visitar a su familia. Había pasado la noche anterior en su casa y el 7 de agosto de 1976 fue secuestrado junto con su novia, Ada Victoria “Dodó” Porta, en la casa de la familia de ella en Banfield. Antes de llevárselos, fueron torturados.
Haydée solía presentarse en el edificio Libertad, de la Armada, para pedir explicaciones, ya que Horacio hacía la conscripción bajo las órdenes de esa fuerza. “Yo soy una simple madre, pero ustedes tienen que encontrar a un desertor”, desafiaba a los marinos mientras pasaba largas horas de plantón.
Gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Haydée logró recuperar los restos de Horacio. Había estado secuestrado en la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF)– también conocida como Coordinación Federal– y fue ejecutado en lo que se conoció como la masacre de Fátima.
“Eres madre de Alicia, de Horacio, de Diego, esposa de Coco: hermosa familia”, le escribieron sus compañeras de Madres para despedirla. “A Horacio te lo arrebató la última dictadura cívico-militar-eclesial y lo perdimos para siempre. Sólo sus restos recuperados te devolvieron algo de paz y hasta una pizca de dicha. Desde aquel día fatal te volviste una firme e incesante buscadora de Justicia y Verdad. Serena y sabia, tu gran corazón te hizo compañera de tantas Madres, y mamá de tantas hermanas de desaparecidos”.
La despedida de sus compañeras
Muy querida Haydée:
Eres madre de Alicia, de Horacio, de Diego, esposa de Coco: hermosa familia. A Horacio te lo arrebató la última dictadura cívico-militar-eclesial y lo perdimos para siempre. Sólo sus restos recuperados te devolvieron algo de paz y hasta una pizca de dicha.
Desde aquel día fatal te volviste una firme e incesante buscadora de Justicia y Verdad. Serena y sabia, tu gran corazón te hizo compañera de tantas Madres, y mamá de tantas hermanas de desaparecidos.
Acabas de irte, Haydée, y ya te extrañamos. Hacé que sintamos tu abrazo otra vez, Madre, y nada nos detendrá para seguir tu misma búsqueda.
Descansa en paz, Haydée. Caminamos con tu luz.
Tus compañeras las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y el grupo de apoyo
Por Luciana Bertoia (vía Página 12)