En los estados del celular de Carrizo se detectaron dos mensajes posteriores al ataque. Uno decía: “Seguro el próximo sos vos Alberto! Tené cuidado!”. El otro afirmaba “El Gobierno es vulnerable y espero que les quede claro. Nosotros somos los que mantenemos estos parásitos ahí arriba, van a juzgar a una persona que le estaría haciendo un gran favor a toda la nación Argentina”. Esto último en relación a Sabag. Por lo tanto, no era ajeno para nada al pensamiento y al magnicidio que se emprendió.
Al día siguiente del intento de matar a Cristina, el grupo se presentó en un canal de televisión. Argumentaron que los estaban amenazando, algo insólito porque nadie sabía de la existencia del grupo. Fueron cinco: Brenda, Carrizo, Sergio Orozco, Leonardo Volpintesta, Miguel Angel Castro Riglos y Lucas Acevedo. Parece claro que intentaron blanquearse con un mensaje del estilo: “no tuvimos nada que ver”. Y las mentiras se sucedieron, ese día y cuando se presentaron en Comodoro Py. Que no sabían nada, que Brenda no les contó la verdad, que nadie sabía que Nando (Sabag) tenía un arma y versiones distractivas parecidas. Los celulares y sobre todo la presencia en la esquina en los nueve días anteriores al ataque, demuestran lo contrario. Tal vez no respecto de todos, pero de Carrizo y alguno más, seguramente.
Un dato asombroso: cuando Carrizo se presentó espontáneamente en Comodoro Py, le exhibió a la jueza un mensaje de Brenda Uliarte: “estoy orgullosa”, decía la chica, refiriéndose a Sabag. O sea, de alguna manera inculpó más a Brenda y trató de exculparse él. Por lo que surge de los mensajes de texto, Carrizo trató siempre de ser seductor con Brenda, pero se ve que priorizó salvarse. Es cierto que a veces la chica actuó sola, como cuando fue a la convocatoria de Revolución Federal, una marcha con antorchas extremadamente violenta. Sin embargo, un análisis de su teléfono y el de Brenda demuestra que en el ataque a Cristina Brenda no fue autónoma: Carrizo estaba al tanto de todo. No sólo participó de la precaria inteligencia previa, sino que los mensajes lo vinculan con el ataque.
Habrá que evaluar si la ventaja que se le dio a Carrizo y al resto del grupo -casi dos semanas en libertad después del ataque- no conspiró con la investigación. Hoy se sabe que no tenían un único celular cada uno, sino varios. Y en el testimonio de Agustina Díaz, por ejemplo, ya se exhibe algo elemental: la idea de borrar, de descartar los teléfonos. Es posible que mucha información se haya perdido, en especial cuando todos fueron partícipes de una maniobra que debió llevar a su detención casi inmediata: simularon vender copos de nieve en un lugar donde no había chicos, en horas de la noche, integrando un grupo claramente hostil a Cristina con el resultado posterior de un intento de asesinato que no se concretó por milagro. La marcha del expediente dirá si la detención no fue tardía. Muy tardía.
Por Raúl Kollmann y Irina Hauser (Vía Página 12)