Los trabajadores del Saratoga regresarían a sus tareas de siempre, los turistas volverían a ocupar las 96 habitaciones de este emblemático centro turístico y se reanimaría la vida de esta céntrica zona habanera, colindante con el Capitolio nacional, el teatro Martí y el Parque de la Fraternidad, tres puntos esenciales en la bohemia citadina.
"Lo duro de esta historia son los infelices que fueron sorprendidos por la estampida, ajenos a que la muerte acechaba mientras ellos trabajan dentro del hotel", subrayó Eneida.
Al momento del accidente, estaban dentro del hotel 51 trabajadores y dos en trabajos de restauración, de ellos, hasta el momento, se han reportado 11 fallecidos, 13 desaparecidos, y seis hospitalizados.
Hasta el último reporte, la cifra total de víctimas contabiliza 35 personas muertas y 89 heridas
La muerte acecha en las aceras
La española Cristina López-Cerón Ugarte, natural de Galicia, y su novio también español, César Román Santalla, no imaginaron que aquel paseo bajo la brisa de los portales del Saratoga terminaría en desgracia.
La joven gallega de 29 años de edad es la única extranjera fallecida a causa de la explosión, mientras su novio se debate entre la vida y la muerte en un hospital habanero, después de que fueran impactados por las piedras que salieron disparadas a causa de la explosión.
La muerte también acechaba lejos de casa a José Carlos Chapman, de 36 años, y su hijo Jonef José, de 10, ambos residentes en la oriental provincia de Holguín y de paso en la capital de la isla, impactados por la violencia del derrumbe.
Rescatistas incansables
Los rescatistas del Cuerpo de Bomberos trabajan incansablemente. Se los puede ver entre los escombros, sucios de polvo y sudor, con sus rostros entristecidos.
Algunos se dejan caer en el borde la calle, o se estiran debajo de los camiones para recuperar energías y seguir en la búsqueda que ya acumula más de 72 horas.
En un recorrido hecho por la Agencia Sputnik en la zona del desastre, se pudo escuchar a uno de ellos, enfundado en su overol negro con franjas amarillas, mientras conversaba presumiblemente con su hija a través de su teléfono celular.
"Pórtate bien, mi niña –decía el bombero casi en susurro-, cuida a tu mamá, y papi regresará pronto a casa para llevarte al parque a jugar". Luego guardó su teléfono en el bolsillo y regresó por el oscuro pasillo que conduce al sótano del hotel siniestrado.
Hombres y mujeres de diferentes edades se pujan la oportunidad de rescatar al próximo sobreviviente del derrumbe. Luchan, reclaman la primera línea, no se cansan, insisten en salvar la esperanza.
Esta y muchas son las historias de vida que estarán pendientes de contar. Mientras, solo queda mantener la fe y la esperanza que los que faltan por aparecer, no vayan a parar a la lista de los muertos.
(Vía Sputnik)