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Keiko Fujimori encabeza sondeos en Perú pero la izquierda aparece bien posicionada para un balotaje

Keiko Fujimori aparece adelante en los bocas de urna. Ipsos ubica en segundo lugar al candidato de izquierda Roberto Sánchez con el 12,1 %.

La escena política de Perú vuelve a mostrar su histórica volatilidad. Según los primeros datos de boca de urna, Keiko Fujimori, heredera del fujimorismo y figura central de la derecha, encabeza la intención de voto con un 16,5 % y se encamina a una segunda vuelta abierta y cargada de incertidumbre.

Detrás de Fujimori se despliega un pelotón de candidatos con diferencias ideológicas marcadas pero con porcentajes muy cercanos. Para la encuestadora Datum, el ultraconservador Rafael López Aliaga alcanza el 12,8 %, seguido por el centroderechista Jorge Nieto con el 11,6 % y el también derechista Ricardo Belmont con el 10,5 %. Este cuadro revela una dispersión del voto en el espectro conservador, donde varias figuras compiten por capitalizar el descontento social sin lograr aún una hegemonía clara.

No obstante, otras mediciones introducen matices relevantes. Ipsos ubica en segundo lugar al candidato de izquierda Roberto Sánchez con el 12,1 %, lo que lo posiciona como un potencial protagonista en la definición electoral. En este escenario, Belmont (11,8 %), López Aliaga (11 %) y Nieto (10,7 %) quedan prácticamente empatados, reforzando la idea de una elección abierta donde pequeños movimientos pueden alterar significativamente el resultado final.

La izquierda en Perú

La eventual irrupción de Sánchez en la segunda vuelta no es un dato menor. Representante de Juntos por el Perú, su candidatura se inscribe en una agenda que busca diferenciarse del bloque conservador: propone el ingreso libre a la educación superior, la ampliación de derechos laborales y una mayor presencia del Estado en áreas estratégicas. En un país atravesado por desigualdades estructurales, estas propuestas intentan interpelar a sectores populares golpeados por la precariedad y la exclusión.

Sin embargo, su figura no está exenta de cuestionamientos. Su paso por cargos públicos —tanto en el Congreso como en el Ejecutivo— ha sido objeto de críticas, lo que refleja una tensión recurrente en la política peruana: la dificultad de construir alternativas que combinen renovación con credibilidad institucional. Aun así, su perfil como psicólogo y dirigente político le permite articular un discurso orientado a canalizar el malestar social en clave programática.

La imagen de Keiko Fujimori

El trasfondo de esta elección es una sociedad polarizada, con una ciudadanía que desconfía de sus élites políticas pero que, al mismo tiempo, no logra consolidar una opción dominante. El fujimorismo, pese a su desgaste histórico, conserva un núcleo duro que lo mantiene competitivo, mientras que las derechas fragmentadas disputan el mismo electorado. En paralelo, la izquierda intenta reconfigurarse tras años de inestabilidad, buscando capitalizar el reclamo por cambios estructurales.

De confirmarse la tendencia hacia una segunda vuelta, el interrogante central no será solo quiénes la integren, sino qué tipo de proyecto logrará articular mayor legitimidad en un contexto de crisis de representación. Perú vuelve así a enfrentarse a una encrucijada política donde el resultado electoral será, más que nunca, expresión de sus tensiones sociales más profundas.

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