Los autoconvocados pueden participar de un comité de barrio, de un grupo cultural o de una asociación deportiva, pero no tienen participación orgánica y menos aún se atreven a enumerar las demandas o acciones que promueve o impulse el movimiento. Se movilizan motivados por la indignación y el rechazo a las acciones del gobierno de Dina Boluarte.
Quechuas y Aymaras
En este nuevo grupo de actores también podríamos incluir a los pueblos aymaras y quechuas que se han sumado masivamente a la protesta sin designar o nominar un líder identificable. Pero ¿qué explica esa actitud? ¿cómo entender ese comportamiento político?. Para Luis Vilcatoma, docente e investigador de la Universidad Nacional del Altiplano, hay un sentido afectivo y emocional en la respuesta de los quechuas y aymaras a lo sucedido con el expresidente Pedro Castillo.
“No interesa si ha robado o no, si ha sido un incapaz en las políticas del gobierno, lo que interesa y los moviliza es que ha sido agredido, maltratado y humillado uno de los “suyos”, y por lo tanto, esa humillación también es hacia ellos”, dice Vilcatoma.
Este hecho es clave si queremos entender por qué los aymaras en el norte y los quechuas en el sur de Puno se han sumado enérgicamente a las movilizaciones políticas para exigir la renuncia de Boluarte.
A lo que se suman las descalificaciones a las que han sido sometidos por el gobierno en los últimos días al tratar de calificarlos de “violentistas” por su supuesta cercanía a “Los Ponchos Rojos” y de recibir financiamiento de países como Bolivia, que acaban añadiendo más leña al fuego a la creciente crisis política.
Vilcatoma señala que por parte del gobierno y en particular su primer ministro, Alberto Otarola, hay una clara manifestación de ignorancia de lo que representa y significa el pueblo aymara, ya que desde siempre se caracterizaron por ser un pueblo dedicado al comercio, la ganadería, la artesanía, y la agricultura.
“Este desarrollo comercial de los aymaras está siendo la base de la creación de una incipiente burguesía regional. Son gente de mucho poder económico que ahora mismo ocupa espacios de decisión política como por ejemplo el Gobierno Regional o diversas instancias de la adminsitraciónl local, por lo que acusarlos de que reciben financiamiento extranjero es ridículo”, dice Vilcatoma.
Lo que sí queda claro, es que tanto en la ciudad como en el campo, este nuevo actor está conectado a las redes sociales a través de su móvil. Un agricultor o un ganadero a diferencia de antaño en el mundo rural, ahora cuenta con información y con diversos espacios de comunicación como los grupos de whattsapp, por donde se autoconvocan y organizan.
Según Vilcatoma, en estas expresiones y manifestaciones políticas estaría germinando el concepto de ciudadanía en los sectores rurales del Perú profundo.
Lo otro es que este movimiento es consecuencia de una explosión de espontaneismo, que está impulsado más por una indignación y un rechazo profundo a las autoridades y las clases políticas que rigen el país. Esta indignación y repudio son alimentados diariamente con las matanzas ejecutadas por el régimen en contra de campesinos pobres y del mundo rural andino.
Por lo mismo, esto hace que al gobierno se le haga difícil y complicado entablar espacios de diálogo con interlocutores que asuman la representación del movimiento, ya que nadie se arroga esa representación.“
En el conflicto minero de Tía María en la región Arequipa, un ex ministro de Energía y Minas participó en una asamblea con más de 500 agricultores en el Valle del Tambo, una zona agrícola muy productiva. En la misma, ante la avalancha y abrumadora demanda de reclamos y pedidos no atendidos, preguntó al auditorio con quien podía dialogar y negociar un acuerdo. Los agricultores unánimemente respondieron: ¡Con todos!
Por César Robles (vía Globalter)