La Cancillería rusa calificó este suceso como "la última gota de paciencia" y acusó al gobierno de Volodímir Zelenski y a sus aliados de la OTAN de violar las Convenciones de Ginebra de 1949 y la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989.
"Dado que los objetivos mencionados están dispersos por todo Kiev, advertimos a los ciudadanos extranjeros (...) de la necesidad de abandonar la ciudad lo antes posible, y a los residentes de la capital ucraniana, de no acercarse a las instalaciones de la infraestructura militar y administrativa". — Comunicado de la Cancillería de Rusia.
Despliegue de armamento hipersónico y alta precisión
El Ministerio de Defensa de Rusia confirmó que las operaciones de represalia ya han comenzado a ejecutarse en la capital y su provincia periférica. Según el reporte militar del pasado 24 de mayo, las fuerzas rusas emplearon un arsenal de alta tecnología que incluyó:
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Misiles balísticos Oréshnik e Iskander.
Misiles aerobalísticos hipersónicos Kinzhal y de crucero Tsirkón.
Drones de ataque y misiles de crucero de base aérea, marítima y terrestre.
El gobierno ruso enfatizó que sus fuerzas no planificaron ni ejecutaron ataques contra la infraestructura civil general de Ucrania. Los objetivos prioritarios declarados son las plantas de diseño y producción de drones —así como los centros donde se procesa inteligencia provista por la OTAN—, la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania y los puestos del mando principal de las fuerzas terrestres.
La advertencia de evacuación permanece activa debido a que las instalaciones del complejo militar-industrial y los centros administrativos ucranianos se encuentran distribuidos dentro del tejido urbano de Kiev, lo que incrementa el riesgo colateral en la periferia de dichos puntos.