La misión estaba anunciada un mes de antelación y preveía entrevistarse con el Presidente del gobierno español, ministros y diputados, pero el gobierno español comunicó, con sólo una semana de antelación, que el 20 de marzo no podían recibirlos porque era día festivo en Madrid y que acababan de convocar (seguro que lo hicieron coincidir expresamente) para el 21 de marzo el inicio de una moción de censura al gobierno. Con este pretexto el Presidente del gobierno y los ministros implicados declinaron reunirse con el comité y sólo serían recibidos por la comisión de Defensa del Congreso. Pero tampoco fue posible, los eurodiputados esperaron dos horas en una sala en el Congreso y la comisión nunca llegó. Únicamente fueron recibidos protocolariamente por el secretario de estado de Asuntos Europeos.
Tras ese incidente surrealista, el comité lo intentó reconducir con una reunión telemática una semana más tarde. Pero no fue posible porque no encontraron traductores y porque los diputados españoles se negaron a celebrar su reunión en inglés porque estaban en España. El Estado demuestra que no quiere descubrir la verdad y, asimismo, la señala como autor de la vulneración de derechos. Si se atreve a tratar con esta desconsideración a unos europarlamentarios, podemos imaginar cómo menosprecia la vulneración de derechos a los ciudadanos catalanes espiados ilegalmente. Si Europa no se impone a España, Europa se ensuciará con estas prácticas antidemocráticas y delictivas de España.
Vía Prensa América Latina