Tras el ataque el perpetrador regresó a su casa, mató a su esposa e hijo y luego se suicidó.
Un portavoz de la Policía, Paisan Luesomboon, explicó al canal tailandés ThaiPBS que el atacante se presentó en la guardería, en la que había niños desde los dos años, para recoger a su hijo pero el niño no estaba allí. "Estaba ya estresado y cuando no pudo encontrar a su hijo se estresó aún más y empezó a disparar", dijo el portavoz. Según la investigación, en el ataque usó una pistola de 9 mm que poseía legalmente y un cuchillo.
Según informaron varios medios internacionales, el primer ministro de Tailandia, Prayuth Chan-ocha, ordenó a las autoridades que proporcionen toda la ayuda posible a los heridos y que investiguen al asesino.
La red hospitalaria de Nong Bua Lamphu, una provincia mayormente rural del norte de Tailandia, lanzó una alerta solicitando urgentemente donaciones de todos los grupos sanguíneos.
Una de las docentes de la guardería que presenció el ataque, describió los momentos de terror vivido y fue testigo de cómo el agresor "abría fuego, rompía cristales y mataba" a adultos y niños. "Él se quedó en la guardería por un largo periodo de tiempo y estaba usando un cuchillo para asestar los golpes en la cabeza de los niños", afirmó visiblemente desconcertada en videos que están circulando en las redes.
Los tiroteos son poco comunes en Tailandia, pero sí existen precedentes de ataques a esta escala. En febrero de 2020, un soldado armado con un rifle de asalto mató al menos a 29 personas e hirió a casi 60 durante un ataque a una base militar y un centro comercial en Korat, una local agrícola en una región pobre del norte de Tailandia.
(Con base en reportes de agencias internacionales)