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Gerardo Caetano: "Lo que pierde el Gobierno en aprobación no lo gana la oposición; lo que pierde es la política"

Gerardo Caetano analizó el escenario político de Yamandú Orsi y explicó cuáles son los tres pilares que la ciudadanía exige al gobierno.

A poco más de un año de haber asumido la gestión de Yamandú Orsi, el panorama político uruguayo atraviesa un escenario de alta volatilidad y tensiones no resueltas. Caídas pronunciadas en los índices de aprobación pública, cortocircuitos entre la comunicación y la gestión política, y desencuentros con la propia base militante frenteamplista, aceleran el pulso del debate nacional. Para analizar este momento, caracterizado además por la desafección ciudadana hacia los partidos y el surgimiento de controversias geopolíticas e internas, el periodista Leandro Grille dialogó en el programa Show de Legítima Defensa con el historiador, politólogo y docente Grado 5 de la Universidad de la República Gerardo Caetano. En un intercambio incisivo, el académico desglosó los tres pilares que la sociedad le exige al actual gobierno: honestidad, transformación y austeridad, y advierte sobre los peligros de los "errores no forzados" en la conducción del Estado.

Gerardo, hablemos del panorama político de nuestro país. Hace unos meses veníamos de una serie de encuestas y sondeos de opinión pública desfavorables para el Gobierno. Factum, por ejemplo, también midió a la oposición y mostraba una aprobación baja para ella. Sin embargo, entre marzo y abril el Gobierno decidió ir a la ofensiva para intentar dominar la agenda pública. En ese marco lanzó la Ley de Empleo Integral con el ministro Juan Castillo, la Estrategia Nacional para Personas en Situación de Calle, los resultados del Diálogo Social y, finalmente, la Rendición de Cuentas a fines de junio, que dejó de ser de gasto cero para enfocarse en reasignaciones, infancia y personas en situación de calle. ¿Coincides con este análisis de hitos? ¿En qué posición consideras que está hoy el Gobierno respecto a la agenda política, sus posibilidades y su sintonía con la sociedad y sus propios votantes?

Bueno, tú has dicho varias cosas que hay que señalar y compartir. Primero, el Gobierno tiene tendencias de desaprobación muy altas, muy altas. En alguna encuesta ha llegado al 65 % de desaprobación, lo cual no tiene antecedente, salvo el gobierno de Jorge Batlle luego de la crisis del 2002; no hay en otras presidencias con márgenes tan altos de desaprobación. Pero, además, por lo general, el índice de aprobación de los presidentes empieza alto, luego baja y luego sube, pero nunca tan rápidamente bajó tanto.

Cierto es, y es otro elemento que hay que señalar, que lo que baja el Gobierno en términos de aprobación de su gestión, y particularmente el presidente, no lo gana la oposición. Estamos viendo un fenómeno que es bastante generalizado en toda América Latina, una gran desaprobación respecto a los partidos políticos. Esa desaprobación tiene que ver con liderazgos que en algunos casos son liderazgos no conformados o tiene que ver con gestiones de gobierno. Efectivamente, en marzo, luego de un año muy complicado para el Gobierno en el 2025, bueno, todo estaba depositado en la construcción del presupuesto. Se decía que se había dado un presupuesto sin espacios para llevar adelante políticas. El presidente había expresado ciertos problemas de comunicación que no eran problemas de comunicación, como se afirmó, son problemas de gestión política que pueden derivar en problemas comunicacionales, pero son otra cosa.

¿Cómo los distingues?

Y bueno, el tema de la comunicación, que es un tema crucial en esta sociedad, es un tema que tiene que ver con la preparación, el coaching, una sabia administración de la presencia y también de la no presencia de un dirigente político en los temas. Tiene que ver con la disputa de la agenda, en donde aquel que cree que la mejor comunicación es estar siempre, muchas veces al estar, pierde. Entonces hay que saber administrar. En ese sentido, también hay que saber el código de comunicación con auditorios que son diversos. Tú no puedes comunicarte de la misma forma cuando estás en un ámbito de la frontera con Brasil que cuando estás en Colonia, en Montevideo o en el circuito metropolitano. La comunicación tiene múltiples perspectivas y múltiples variables.

Pero el problema de la gestión política, que también deriva en un problema comunicacional, es más fuerte. Es, por ejemplo, un gobierno que no termina de coordinar lo que dice un ministro con lo que dice otro; un gobierno en donde no parece haber un debate político muy aceitado porque hay ministros que se ven casi obligados a manifestar su desaprobación con iniciativas que lleva adelante el presidente. Hay hechos que son difíciles de comprender y, por otra parte, como en este gobierno las reuniones de gabinete son muy pocas, no hay instancias en donde el gobierno a través de su gabinete pueda discutir. Entonces hay un problema de gestión política que deriva en claves comunicacionales, pero que es más hondo.

Repito, porque siempre hay que hacer bien las cuentas, quien dice "bueno, pero esto es ganancia pura de la oposición", no, la oposición no lo gana. Muchas veces lo que se genera es que lo que pierde es la política, y hay un gran desprestigio de la política en la sociedad. Esto es el caldo de cultivo perfecto para los outsiders, para emergentes nuevos que uno no sabe de dónde salieron y que a veces, en períodos muy acelerados, se quedan con el gobierno. No parece ser ese el caso del Uruguay, porque en el Uruguay el fenómeno de los outsiders no prospera, pero yo estoy muy en contra de la visión excepcionalista de que el Uruguay siempre es una excepción en América Latina. Bueno, hasta que comiencen a ocurrir en Uruguay cosas que antes no ocurrían. También era una constante la continuidad democrática en Uruguay y, cuando las dictaduras de la seguridad nacional, hubo dictadura en el Uruguay.

Entonces, primero creo que hay una señal de preocupación que debiera ganarnos a todos, pensáramos lo que pensáramos, que es, bueno, acá la política comienza a tener índices de desaprobación muy fuertes a nivel de las mediciones de opinión pública. Esto ya lo sabíamos. El Latinobarómetro pone a los partidos, incluso en Uruguay aun cuando en Uruguay todavía tienen cierto respaldo, muy por debajo, por ejemplo, de la opinión popular sobre las iglesias o sobre las Fuerzas Armadas, y a los sindicatos por debajo de los partidos. Bueno, son fenómenos de época.

Lo que ocurre es que, en Uruguay, cuando no ha transcurrido un año y medio del nuevo gobierno que llegó con expectativas de transformación, de cambio... La gente que le dio el triunfo por casi 100.000 votos a Yamandú Orsi se lo dio con el mandato de una transformación, no para más o menos seguir igual. Bueno, cuando un porcentaje importante no solamente de quienes votaron a la oposición, sino de quienes votaron a este gobierno nuevo porque en puridad es un gobierno nuevo, sin haber transcurrido un tercio del período de gobierno, hemos tenido una tendencia muy negativa en términos de opinión pública, eso también está repercutiendo en la oposición. La oposición tiene una desaprobación también muy alta, en algunas encuestas le dan hasta el 50 % de desaprobación sin tener el peso de la gestión, que siempre expone más.

Entonces acá hay una señal de preocupación. Claro, el Uruguay todavía sigue siendo básicamente una democracia de partidos, lo cual, entre otras cosas, da algunos diques importantes en relación a este fenómeno de aquellos que se afirman haciendo política contra la política. La antipolítica, que la hay en el Uruguay, no se traduce fuera de los partidos.

Sin embargo, hay un sector importante de militantes y adherentes del Frente Amplio que puede verse en los comités de base, los sindicatos o en el público de programas como este que está muy lejos de la derecha, pero que tampoco aprueba la gestión. Es una no aprobación ideológica, una parte importante de la izquierda siente que no se identifica con este gobierno. ¿Coincides con esta apreciación?

Por supuesto que es así, si no las tendencias no darían esto. Y además hay que ver lo que es el electorado frenteamplista.

Lo que pasa es que el fenómeno fue que este gobierno empezó con un nivel de aprobación alto, pero no tan alto como otros gobiernos. Lo que era el núcleo fundamental era aquel que no aprobaba ni desaprobaba, pero luego cayó en picada. Y lo que se ha podido ver es que cayó entre los votantes de la coalición hoy opositora, que en realidad no es una coalición stricto sensu, sino que es un conjunto de partidos que, a mi juicio, muy difícilmente se configuren como un partido o como un lema común.

Hay lecturas desde la oposición, me parece a mí, muy cortas, que señalan que cuando uno dice eso, en realidad lo que quiere es que no se coaliguen porque quiere que gane el otro. Bueno, por suerte hay legisladores y dirigentes políticos de los partidos tradicionales que advierten, primero, la enorme dificultad de formar un lema común entre partidos que van a cumplir 200 años, pero además que advierten que hay que hacer bien las sumas, creer que los votos que sacan los partidos, que acumulan los partidos desde opciones distintas, luego se suman naturalmente en un lema común es un error.

Cuando uno sigue la experiencia histórica desde la reforma constitucional que instaló el balotaje, ¿qué es lo que ve? Que, en relación de primera vuelta y segunda vuelta, el Frente Amplio siempre gana en la segunda vuelta. Y eso tiene que ver con lo que tú señalabas: porque el Frente Amplio tiene una base militante, pero después es un partido que tiene más de un millón de votos que ha tenido en varias elecciones más de un millón de votos y que nadie crea que hay un millón de militantes, porque no los hay, pero que nadie crea que esa condición de frenteamplista está atada en quien vota al Frente Amplio.

Por ejemplo, entre quien votó en primera vuelta a los partidos de la Coalición Multicolor/Republicana y quienes votaron en segunda vuelta... Bueno, ganó por casi 100.000 votos. Ahí hay un flujo de votantes que en la primera vuelta habían votado a los otros; incluso donde creció más era en departamentos como Flores, como Artigas, como Rivera, en donde en la primera vuelta los partidos del entonces gobierno habían votado más alto.

Y hoy tenemos una competencia política en el Uruguay donde hay dos espacios que en clave dicotómica y clave de polarización confrontan entre sí. Ese sector de no creyentes es el que define las elecciones. Entonces, tener índices de desaprobación tan grandes no solo penetran a tu electorado más cercano, sino que están penetrando en esa zona de los no creyentes que define el voto. Todavía es muy temprano como para pronosticar, como ya están pronosticando muchos, el 2029. Y tampoco es fácil traducir la desaprobación del gobierno como un cambio de voto, como un voto seguro a quienes hoy son oposición. Todo es más complejo.

Lo que sí es cierto es que, ya no en términos electorales, sino en términos de gestión política para el Gobierno actual, estos niveles tan tempranos de desaprobación debieran ser vistos con mucha preocupación.

Hubo un momento en que se consideró la idea de mandar una Rendición de Cuentas de artículo único, de gasto cero. Recuerdo que un miércoles el presidente presentó, junto al ministro Gonzalo Civila, la Estrategia Nacional para Personas en Situación de Calle, un tema donde evidentemente hay que intervenir. Sin embargo, al día siguiente trascendió en Búsqueda que desde el Ministerio de Economía afirmaban que se haría con reasignaciones "porque plata no hay". Luego, en el primer Consejo de Ministros sobre la Rendición de Cuentas, el ministro de Economía y el director de la OPP, Rodrigo Arim, enfatizaron el cuidado fiscal y la reasignación de recursos. Pero finalmente terminó habiendo fondos incrementales respecto al presupuesto. Mi lectura fue que en un momento el Gobierno reaccionó políticamente a sus problemas de aprobación y dijo: "No podemos ir con una Rendición de Cuentas de gasto cero".

La mayoría de los análisis tienden a pensar que luego de aquel fin de año, el año pasado, fin del 2025, en donde el Gobierno terminaba mal en términos de aprobación, bueno, el verano, entre otras cosas, tiene la oportunidad de un balance. Efectivamente, en marzo de este año hubo muchas señales de que había habido un balance; y el balance no es solamente algo que hace o no hace el presidente. Ahí hay un núcleo de gobierno en donde las cosas parecieron ser debatidas y hubo una cierta inflexión.

Tú señalabas varias iniciativas. Lo que pasa es que luego vino la sucesión interminable de problemas con los que es muy difícil avanzar. Me refiero, por ejemplo, al episodio de la camioneta, con todo lo que ello configuró, fue posterior al inicio del segundo año de gobierno. Y bueno, el fenómeno de la camioneta realmente fue muy malo para el gobierno y para Orsi.

¿Por qué? Y bueno, porque eso delataba un problema que todavía no ha terminado de aclararse. Golpeaba el punto uno... la honestidad, por supuesto. A este gobierno no se le va a perdonar. Yo siempre he dicho que a este gobierno le van a pedir tres cosas básicamente, pero la primera que le van a pedir es honestidad. No solamente porque lo prometió, sino porque viene después de un gobierno cuestionado por una sucesión de escándalos que no se han aclarado.

De otra dimensión, igual. De otra dimensión.

Por supuesto, por supuesto… Este segundo año, entre otras cosas, ha habido una activación de esos temas. Vuelve el caso Marset, ¿no? El documento este destruido en Presidencia debe ser aclarado, y tanto esas otras cosas... Cardama debe ser aclarado. Esto no es algo que haya pasado sin más. Y ojo, debe ser aclarado. A eso se le sumó el tema de que, en esa franja de la honestidad, bueno, los votantes frenteamplistas, pero también aquellos que acompañaron e incluso aquellos que, no habiéndolo acompañado con el voto, le dieron un espacio, van a ser muy sensibles.

El segundo punto es que era un gobierno que fue votado para transformar, no para gestionar más o menos. El Dr. Sanguinetti, que es muy inteligente, el año pasado dijo una cosa que realmente tendría que haber preocupado al gobierno y al presidente Orsi; dijo: "Este país es maravilloso: gana la oposición, pero no cambia el gobierno".

Creo que el gobierno todavía ese segundo aspecto que es el vitalizar una voluntad no refundacional, que eso es otra cosa, sino transformadora, no lo ha terminado haciendo. Y hay un problema, que la baja aprobación termina opacando aquellos aspectos de la política del gobierno en donde sí ha habido transformaciones. Yo siempre doy el ejemplo, en ASSE yo estoy viendo una gestión transformadora, grandes cambios, pero están como opacados por un error de origen del presidente de ASSE que todavía sigue a pesar de que ya ha sido resuelto opacando los logros. En ASSE veo, y hay muchos otros escenarios en donde el gobierno tiene una agenda transformadora, pero ciertos problemas en otras áreas políticas en donde no hay transformación y los errores que el propio presidente ha cometido o alguna parte de su gabinete ha cometido, tienden a opacar el mostrar los aspectos positivos.

Y el tercer punto es que hay que hacerlo en un contexto extraordinariamente austero, porque estamos en un mundo incierto, con muchos problemas, y no es un momento de vacas gordas. Así que: honestidad, transformación y austeridad. Esos son los tres puntos de lo que el gobierno debe tener como horizonte, y hasta ahora la desaprobación está afectando esos tres puntos centrales.

Gerardo, además de los problemas de gestión y las continuidades, vivimos en una sociedad muy demandante e impaciente, lo cual es complejo para un Gobierno que prometió diálogo. Pero más allá de eso, ¿no te da la impresión de que el Gobierno ha cometido una serie de errores o malas lecturas que confunden a su propio electorado? Por ejemplo: el 1.º de mayo el presidente va al acto central del PIT-CNT, pero el 2 de mayo se sube a un portaaviones estadounidense —el Nimitz, el mismo al que subieron Lacalle Pou o Milei— y se fotografía con el embajador. Por otro lado, cuando la gente del Frente Amplio salía a respaldar la Rendición de Cuentas frente a la oposición que cometió un error al anunciar que no votaría nada, Uruguay participa en esta reunión convocada por Marco Rubio con una impronta casi macartista. Y pocos días después, Economía presenta la reforma de la Seguridad Social sin incluir el acuerdo sobre las AFAP alcanzado en el Diálogo Social, lo que provocó una dura respuesta del PIT-CNT. ¿No te parece que son errores no forzados?

Es como rarísimo, es muy raro, es muy raro. Y a ver, los gobiernos, sobre todo los gobiernos actuales, son gobiernos con muchas restricciones. Quijano siempre decía y lo decía desde la izquierda independiente que muchas veces gobernar es descontentar. Era una visión de esa izquierda crítica, de esa conciencia crítica, de esa visión latinoamericana que no es que tuviera la percepción de la posibilidad del gobierno —no la tenía—, pero que sí buscaba una crítica a los gobiernos que entonces eran básicamente colorados hasta el 58 y después estuvieron los dos Colegiados blancos, era una crítica responsable. Bien, ahora ha habido 15 años más de este nuevo gobierno en donde el Frente Amplio es una expresión de gobierno. Entonces sabe lo que es mirar las cosas desde el otro lado del mostrador. Efectivamente, cuando yo hablo de problemas de gestión política están estos. Es como aquello... ya que hablábamos de fútbol, a los arqueros la primera recomendación es: "Mirá, las que van al arco, atajalas, son goles. Ahora, las que van para afuera, no las metas para adentro". Bien, este Gobierno se ha autoinfligido algunos problemas que no vinieron por el lado de retos de la oposición; incluso no ha podido disputar la agenda desde una crítica efectiva a la oposición. Por ejemplo, la actitud de la oposición blanca y colorada en el Parlamento, amontonados diciendo: "No vamos a votar la Rendición...", fue deplorable (...).

Por otro lado, ojo, participar en la llamada "cumbre antiterrorista" es cruzar una línea roja. Es cruzar una línea roja que el Uruguay no debe hacer. No debe hacer. Y otro tipo de acciones… Claro, de inmediato tú ves, pero el mapa de América Latina y particularmente de América del Sur se está llenando de derechas. Y frente a eso hay que buscar una gestión, porque si la integración es entre aquellos gobiernos del mismo signo ideológico la integración no puede avanzar nunca.

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