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Venezuela: entre los dos terremotos y la búsqueda del sismo político

Los terremotos acaecidos en Venezuela con una diferencia de 40 segundos, de una escala de 7.2 y 7.5, son un hecho inédito dicen los expertos,

La ciudad y puerto marítimo de La Guaira en Venezuela, ubicado sobre el mar Caribe, era la zona por excelencia con su cadena costera de playas para que la población de Caracas pasara sus vacaciones. Además del turismo interno y externo, en la ciudad también se encuentra el puerto y el aeropuerto internacional Simón Bolívar, lo que convierte a esta ciudad un punto estratégico en la movilidad de los venezolanos.

Los terremotos no son un fenómeno nuevo en Venezuela, y al igual que las vaguadas (desplazamientos de tierra desde la montaña), tienen trágicos antecedentes. Lo que nunca había sucedido hasta el 24 de junio de este año es que se dieran dos terremotos de una escala mayor a 7, con diferencia de 40 segundos.

Bramó la tierra en Venezuela

Caminar hoy por La Guaira, donde sobrevive el paisaje de una ciudad pensada frente al mar, es como recorrer las ruinas, salvando las diferencias, de Gaza; pero bien es la postal de una nación agredida desde el cielo y por la tierra.

Cuando la gente aún no asimilaba los bombardeos del 3 de enero por parte de Estados Unidos, el atardecer del 24 de junio quedará registrado como un radical cambio de vida en 40 segundos: la pérdida de la vivienda, las heridas que dejan huellas, el fallecimiento de familiares (muchísimos hijas e hijos, el desgarro de los desgarros del alma), la desaparición de vecinos, amigos y parientes que, habrá que suponer, sucumbieron en cuerpo y alma bajo las ruinas que más temprano que tarde serán removidos junto con los escombros.

A tres días del Día Uno (como queda identificado popularmente el 24 de junio), en las distintas zonas de La Guaira, Catia La Mar, Los Corales, el aire se espesa con el olor fétido de cuerpos que los calores de esta zona influyen en acelerar su descomposición.

Las fachadas caídas de algunos edificios permiten ver el interior de los apartamentos e imaginar cómo sería la vida de aquellas familias segundos antes de las 18 horas.

A pesar de la sensación de desolación que ocasionan los derrumbes y edificios vacíos, el movimiento de voluntarios civiles, militares y rescatistas venezolanos e internacionales es febril.

Aprendemos rápidamente el lenguaje del rescate: un puño en alto exige silencio; el grito eufórico de vida es señal de que hay personas vivas, aunque puedan estar inconscientes.

Las zonas más afectadas han sido los edificios sobre el mar, no tanto las edificaciones de los barrios humildes hacia la montaña. A la hora de hacer este informe, 700 edificios se encuentran dañados y 300 ya se desplomaron; ingenieros venezolanos evalúan si hay riesgo de derrumbe y, tanto en La Guaira como en Caracas, cuáles pueden volver a ser habitados.

Al 30 de junio, aún hay familiares que tienen la esperanza de encontrar los cuerpos de sus seres queridos bajo los escombros, para poder desarrollar su duelo y no quedar en el limbo de la desaparición, o encontrarlos con vida en algún hospital o campamento.

Según algunas voces expertas en sismología, se esperan temblores por un tiempo cercano a los 6 meses, mientras se vuelven a acomodar las placas tectónicas, la del Caribe y la Sudamericana.

Duelo nacional por los terremotos

A Caracas no solo llegan los cuerpos de rescatistas e insumos básicos; también llega la prensa internacional de grandes medios que se han sumado a la guerra cognitiva en todos estos años contra la Revolución bolivariana. La respuesta institucional del Gobierno revolucionario a las familias afectadas desde el Día Uno no es captada por las cámaras por parte de esos medios, y los testimonios que se recogen son básicamente de gente desesperada que “magnifica” la carencia de respuestas que necesita.

Sus cámaras también hacen zoom en los escombros, bajo el relato de una tragedia evitable, o priorizan la labor de los rescatistas internacionales, sobre todo los de Estados Unidos, en desmedro de los rescatistas y voluntarios venezolanos, para abonar la teoría de Estado fallido que impulsa el Gobierno de Donald Trump.

Un bidón de agua que no llegó a tiempo, una muerte inevitable, una búsqueda ineficiente luego de las primeras 72 horas se convierten en botín político de una extrema derecha que busca debilitar la imagen del Gobierno en plena tragedia. Medios españoles, por ejemplo, priorizan informar sobre el control militar de las donaciones, por encima de las redes estatales y populares de distribución, a ver si encuentran algunos militares pillos que se roben mercadería o van a parar a la vivienda de algún integrante del Gobierno.

Allí donde las condiciones dificultan la llegada a tiempo de los equipos de rescate y las maquinarias, ya está apostada la prensa internacional para demostrar la ineficacia del Gobierno de Delcy Rodríguez.

Por supuesto, el Gobierno bolivariano no ha podido dar todas las respuestas a tiempo y en forma y ha cometido errores que van desde algunos nudos burocráticos hasta la falta de dispositivos que no podían contemplar un desastre como el ocurrido, pero en ningún momento cejó la voluntad de hallar soluciones y se viven con angustia las faltas de respuestas aún por dar.

El pueblo venezolano, en su mayoría, al igual que inmediatamente de los bombardeos del 3 de enero, prioriza el rescate de los suyos y vuelve a pensar en la reconstrucción del país, haciendo caso omiso de los temblores del sismo político que buscan los sectores reaccionarios.

Pero como en todos estos eventos, también aparecen las miserias humanas: el robo de pertenencias de las familias afectadas, los rumores que hablan de la ineficiencia del Gobierno en la atención de niños que quedaron huérfanos, entre otras infundadas denuncias, hurto de mercadería de comercios derrumbados, los que usan el mal humor y angustia de la gente para montar provocaciones contra los funcionarios de los distintos cuerpos estatales y civiles de la Revolución, etc.

Las redes se han convertido en una poderosa herramienta de desinformación, de estafas pidiendo dinero para el rescate de personas y de buscar generar inestabilidad institucional. En las redes se han concentrado los extremistas de derecha, los imprudentes, los ignorantes y el lumpenaje.

La solidaridad que no tiembla

Hay una solidaridad del pueblo organizado que está activa desde el Día Uno, que no registran los sismógrafos. Bajo el gobierno del comandante Hugo Chávez se edificaron en barrios populares los gimnasios verticales Gran Base de Paz, estructuras antisísmicas de 5 pisos que pueden albergar con dignidad, en este caso, a las familias rescatadas. Primero se iniciaron como centros de acopio, para paulatinamente irse convirtiendo en campamentos, como el visitado por Caras y Caretas, el Centro de Acopio de Quinta Crespo. Su coordinador, Morris López, explica que este centro de acopio coordina con otros centros ubicados en los barrios populares de Caracas y con otras instituciones, como las organizadas por las comunas, y se van distribuyendo las donaciones de ropa, medicamentos y víveres en función de las necesidades.

El Parque Alí Primera es el centro neurálgico donde llegan las familias de La Guaira y otros lugares de Caracas afectados por los terremotos, para luego ser derivados a distintos campamentos. Las cuadrillas del Gobierno municipal más una infinidad de organizaciones de voluntarios se encargan de las distintas tareas de contención y atención de las familias.

El Instituto de Niños, Niñas y Adolescentes es el encargado de captar la situación de menores que perdieron sus familiares. En un colegio en el barrio de San Juan las familias pernoctan en la vereda por las noches, esperando una evaluación de los daños de los más de 20 edificios afectados para valorar si pueden volver a habitarlos.

Tomando en cuenta esta realidad, el Consejo Comunal ha organizado en la escuela del barrio un campamento que permita dar actividades recreativas durante el día a los niños, y monitorear las condiciones de salud de todos los habitantes.

¿Un enemigo natural?

Las valoraciones políticas en Venezuela son inevitables; nadie es ingenuo para no tomar en cuenta lo que impactan los terremotos en el medio de una andanada contra la Revolución bolivariana. Es difícil no asociar la agresión militar del 3 de enero con la injerencia cada vez mayor del Gobierno de Estados Unidos, e incluso hay quienes van más lejos y no descartan una relación entre las maniobras de rescate realizadas en mayo por Estados Unidos en su embajada en Venezuela y lo que ahora ocurre.

Luego de todo, la información la brinda el Servicio Geológico de Estados Unidos, y aunque uno parte de la base de la concepción humanista en el manejo de la información, no deja de pertenecer a un gobierno que busca calificar a Venezuela como un Estado fallido.

Alguien recordó, pasados los terremotos, el retorno de las lluvias a Irán. La posibilidad de terremotos inducidos suena descabellada pero no improbable, con un gobierno como el de Trump, dispuesto a utilizar todos los medios para hacer de Venezuela su Estado 51.

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