Lucía Hiriart nació en Antofagasta, en el norte de Chile, el 10 de diciembre de 1922 en una acomodada familia de políticos y abogados, a los 10 años se mudó a Santiago y a los 19 conoció al entonces subteniente del Ejército, Augusto Pinochet, de 28 años, con quien se casó.
Fue conocida por su personalidad fuerte y dominante, de hecho, se sabe que ella fue quien impulsó a un dubitativo Pinochet a dar el paso decisivo para traicionar al expresidente Salvador Allende (1970-1973) y unirse a última hora al golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973.
La dictadura que encabezó Pinochet no se puede explicar sin mencionar la influencia que ejerció Hiriart. «Chile no tuvo un dictador, sino un matrimonio en dictadura. Una pareja dictatorial», ejemplificó en 2013 en una entrevista con la revista Caras la periodista Alejandra Matus, autora del libro «Doña Lucía», la biografía no autorizada de Hiriart, publicada ese mismo año.
Y aunque nunca quedará totalmente claro cuál fue el real poder que tuvo Hiriart durante el régimen autoritario, en lo que todos concuerdan es que nunca escatimó en gastos para satisfacer sus refinados gustos en ropa, adornos y propiedades.
Lujos y excentricidades
Separando el hecho de que millones de chilenos sufrieron de hambre en los años 80, las excentricidades de «Doña Lucía», como era llamada por sus cercanos, no habrían sido un problema si es que estas no hubiesen sido financiadas en buena parte con dinero fiscal.
Durante el régimen, Hiriart dirigió una fundación llamada Centro de Madres (CEMA) de Chile, a la cual Pinochet le transfirió gratuitamente más de 230 propiedades de origen fiscal. Esto le generó réditos personales millonarios a la mujer y posteriormente juicios por malversación de fondos y fraudes.
El régimen de Pinochet dejó 3.197 personas asesinadas, 28.000 torturadas y 200.000 exiliadas, según cifras oficiales.
(Vía Sputnik)