Otro problema que en consejero constató es que aproximadamente un 30% de los alumnos aun no participa de las actividades presenciales.
Pero más allá de las resoluciones del Codicen, Caggiani realizó algunas consideraciones acerca de la influencia de la pandemia en la estructura educativa, al decir que «nunca existió en la historia reciente de la humanidad un período tan largo de interrupción de clases. El antecedente más cercano que tenemos al respecto se remite a los efectos de la mal llamada gripe española de 1918. Ni siquiera las dos guerras mundiales afectaron por tanto tiempo a tantos alumnos como en la actualidad. Esto quiere decir que el los efectos sobre los aprendizajes y la vulneración de derechos es de una magnitud que no somos capaces de medir».
«El último informe de Grupo Científico Asesor Honorario cuando habló de los efectos de la pandemia en la infancia puso el énfasis en que se contagian menos entre ellos y si lo hacen es en sus casas. Pero en cuanto a los efectos sobre sus habilidades cognitivas, sus aprendizajes, su emocionalidad, tenemos pocos datos y pocas certidumbres. De hecho, estamos ante una tragedia. Si bien la morbilidad de la enfermedad es menor en los niños no tenemos ninguna evidencia de cómo está impactando en su salud mental. Esta situación ha aislado a los gurises, los ha vuelto más vulnerables, ha lesionado su inteligencia emocional, los ha expuesto a situaciones que inciden en su formación y en su conducta. Tengamos en cuenta que durante dos o tres meses los niños estuvieron confinados en su hogar. Y hay hogares capaces de contener a los niños y seguirlos en sus aprendizajes, pero hay otros en los que su situación es un calvario. Además perdieron contacto con todas las redes de socialización, no sólo entre sus pares sino también con el resto de sus familiares. Y otro factor importante, por su inmadurez les costó tremendamente encontrarle un sentido a lo que sucedía a su alrededor. Se enfrentaron a lo desconocido, reaccionando a menudo con incertidumbre y con miedo. Era imprescindible que volvieran a las escuelas.
En definitiva, creo que el mundo de los adultos aun no ha caído en cuenta de ese drama y por lo general por razones comprensibles. Los mayores están luchando por sobrevivir, por la situación económica, por parar la olla, por cuidar la salud y no pudieron atender la salud mental de los niños. Y además no tenemos elementos claros de medición de esas subjetividades, de las que lamentablemente vamos a comenzar a darnos cuenta con el correr del tiempo».