Pandemia, vacunación y consentimiento
El Poder Ejecutivo decidió que las personas que concurran a vacunarse contra el SARS COV 2 deberán firmar un consentimiento informado. Aunque no está del todo claro si es una exigencia de los fabricantes de vacunas, especialmente de la farmacéutica Pfizer, o de nuestro propio Estado, lo que si es evidente es que el procedimiento busca impedir demandas ulteriores contra las empresas o contra el Estado de personas que manifiesten algún efecto secundario imprevisto a corto, mediano o largo plazo. La exigencia del consentimiento es habitual en la medicina, pero no en la vacunación por motivos que, a poco de reflexionar, son evidentes: la vacunación es una práctica preventiva que, por definición, se aplica en personas que no tienen una enfermedad infecciosa para evitar que la contraigan y aunque obviamente protege al individuo, al hacerlo protege a la sociedad. Por tal motivo, muchas vacunas son obligatorias, no solo porque los niños son los principales sujetos a vacunar, sino porque de que la inmunización sea masiva depende la salud ya no solo de los vacunados, sino de todas las personas que por diferentes causas no se pueden vacunar.