Tal y como se anticipaba, tras naufragar la negociación entre el PSOE y UP para cerrar el que hubiera sido el primer Ejecutivo de coalición en la historia de España, Sánchez soló logró el respaldo de los 123 escaños de su agrupación y uno del Partido Regionalista de Cantabria.
Los partidos Popular (PP, conservadores), Ciudadanos (Cs, liberales) y Vox (ultraderecha) se decantaron por impugnar la candidatura del secretario general socialista, quien tiene ahora hasta finales de septiembre para decidir si se presenta o no a una nueva investidura.
Con la abstención de sus 42 diputados, la formación izquierdista presidida por Pablo Iglesias dejó una vez más la puerta abierta para seguir negociando de cara a apoyar la continuidad de Sánchez, aunque la desconfianza entre ambos no presagia un acuerdo.
Aunque accedió a compartir el poder con UP -alianza entre Izquierda Unida, Podemos y sus confluencias territoriales- el socialdemócrata hizo una oferta que no complació a su potencial acompañante en La Moncloa.
La ambigüedad del gobernante en funciones sobre su real disposición a formar un Gobierno de coalición generó duros reproches de Iglesias, también secretario del partido antiausteridad Podemos.
El acuerdo se resistió ante la cuestión de qué peso tendría el grupo parlamentario en esa hipotética administración junto al PSOE.
Iglesias emplazó a Sánchez a respetar a los 3,7 millones de votantes de su organización y que no les propongan ‘ser un mero decorado en su Gobierno porque eso no lo podemos aceptar. Solo le pedimos respeto y reciprocidad’, advirtió.
Sánchez tiene aún hasta el 23 de septiembre para intentar ser investido.
Si en esa fecha persistiera el bloqueo, se convocarían automáticamente nuevos comicios legislativos el 10 de noviembre, que serían los cuartos en cuatro años.
A su favor cuenta que las tres formaciones de la derecha en la Cámara Baja (PP, Cs y Vox) no pueden por sí solas obtener la mayoría.