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Pereira le recordó a Almagro la carta que Mujica le escribió al excanciller: "Te digo adiós y me despido"

Una carta de Mujica a Almagro de 2015 volvió a escena para demostrar lo que el expresidente pensaba sobre el exsecretario general de la OEA.

Una carta fechada el 18 de noviembre de 2015, dirigida por José Mujica a Luis Almagro, volvió a cobrar relevancia en medio del enfrentamiento entre el excanciller y el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira.

En aquella misiva, el expresidente cuestionaba el rumbo que comenzaba a adoptar Almagro respecto de Venezuela y advertía que la presión internacional podía terminar perjudicando las condiciones necesarias para una salida democrática.

En la reciente polémica entre el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, y el excanciller Luis Almagro, Pereira sostuvo que Almagro se apartó del Frente Amplio por abandonar sus valores y principios, especialmente los vinculados al antiimperialismo. Almagro respondió que, en realidad, fue expulsado de la coalición en un proceso que calificó de “stalinista” y en el que, según afirmó, no tuvo derecho a defenderse.

En medio de esa disputa, Almagro también reivindicó su relación política con Mujica. Señaló que trabajó “codo a codo” con el expresidente durante mucho tiempo y sostuvo que sus opiniones sobre Mujica están respaldadas tanto por su derecho a la libertad de expresión como por el conocimiento directo de las conversaciones que mantuvieron.

Sin embargo Pereira reflotó una carta escrita por José Mujica en noviembre de 2015 que permite observar una diferencia política que no aparece solamente en declaraciones posteriores.

Mujica conocía a Almagro, había sido su principal respaldo político para llegar a la Cancillería y había apoyado su candidatura a la Secretaría General de la OEA. Pero en noviembre de 2015 decidió escribirle para marcar públicamente —aunque en una comunicación personal— su desacuerdo con el camino que estaba tomando.

La frase “entiendo que sin decírmelo, me dijiste ‘adiós’” aparece precisamente al comienzo de la carta, después de que Mujica recordara que había respaldado su candidatura a la OEA y que los hechos le demostraban que estaba equivocado.

El documento muestra así que la distancia entre ambos no fue una reconstrucción posterior de los acontecimientos, sino un conflicto político que ya estaba planteado en 2015.

El documento muestra a un Mujica preocupado por el rumbo que estaba tomando Almagro y, fundamentalmente, por su posición respecto de Venezuela. El entonces expresidente le reclamaba prudencia y sostenía que el objetivo debía ser contribuir a que los venezolanos encontraran una salida propia, evitando que la presión externa profundizara las divisiones internas.

Venezuela nos necesita como albañiles y no como jueces”, escribió Mujica en uno de los pasajes centrales de la carta.

La frase sintetiza buena parte de la concepción que el expresidente tenía sobre el papel que debían asumir otros países frente a la crisis venezolana. Para Mujica, la solidaridad no debía traducirse en una intervención política externa ni en la imposición de una determinada salida, sino en generar condiciones para que los propios venezolanos pudieran resolver sus diferencias.

La verdadera solidaridad es contribuir a que los venezolanos se puedan autodeterminar respetando sus diferencias pero esto implica clima que lo posibilite”, sostuvo.

Una advertencia sobre la presión externa

La carta fue escrita luego de que Mujica ya hubiera manifestado públicamente discrepancias con algunos aspectos del gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, el expresidente diferenciaba entre cuestionar determinadas decisiones del gobierno venezolano y promover una política internacional que, a su entender, podía terminar agravando el conflicto.

En ese sentido, le expresó a Almagro su preocupación por la exposición internacional de determinados conflictos y le explicó por qué le había pedido que no concurriera a la convulsionada frontera entre Venezuela y Colombia.

“Cuando te pedí que no concurrieras a la frontera convulsionada de Venezuela y Colombia, no era capricho ni menos no querer ver la realidad”, escribió Mujica.

La preocupación, aclaraba, no estaba relacionada con la imagen que pudieran proyectar los medios de comunicación o los políticos, sino con la posibilidad de que determinadas acciones terminaran incidiendo “a favor de la gran mayoría de los venezolanos”.

Mujica también comparaba esa situación con otros conflictos internacionales y señalaba que la misma lógica debía aplicarse tanto en Venezuela como en otros escenarios de tensión, entre ellos el conflicto entre Estados Unidos y Cuba o el proceso de paz colombiano.

“Lo central no es como nos ven sino ser útil o no a la mayoría de la gente corriente”, planteaba.

Para el expresidente, el papel de Uruguay y de la comunidad internacional debía ser el de contribuir a construir puentes y favorecer las condiciones para que Venezuela pudiera manejar “con solvencia su autodeterminación”.

“Venezuela necesita paz interior”

Uno de los aspectos más significativos de la carta es que Mujica no reducía el problema venezolano a una disputa ideológica entre izquierda y derecha.

Por el contrario, planteaba que el primer objetivo debía ser recuperar la convivencia interna.

Venezuela necesita paz interior, es decir convivencia en primer término”, escribió.

Y agregó que había que trabajar para evitar que la discusión quedara reducida a la defensa o el rechazo del socialismo, mientras se buscaban soluciones concretas para los problemas económicos y monetarios del país.

Mujica consideraba que esa transformación era necesaria para hacer posible un proceso de “reparto, estabilidad y democracia”.

La advertencia de Mujica sobre el rumbo de Almagro

El final de la carta es todavía más directo. Mujica le decía a Almagro que lamentaba el rumbo que había tomado y que consideraba que esa orientación podía terminar teniendo consecuencias graves.

Es muy difícil hoy, pero toda otra alternativa puede tener fines trágicos para la democracia real”, escribió.

Antes había insistido en que la presión exterior podía generar el efecto contrario al buscado: “Venezuela nos necesita como albañiles y no como jueces, la presión exterior sólo crea paranoia y esto no colabora hacia condiciones internas en esa sociedad”.

La carta terminaba con una ruptura personal y política explícita:

Lamento el rumbo por el que enfila y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”.

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