Petro, exalcalde de Bogotá y exguerrillero del M19, llega a la recta final de campaña con las encuestas muy ajustadas, aunque ligeramente a favor. La derecha ha tomado partido en bloque por un candidato de tintes populistas, Rodolfo Hernández, más difícil de identificar con la derecha clásica colombiana. Ya le apodan el Trump colombiano. Un tipo que no se presenta a debate electoral alguno y que incluso cometió el desliz de alabar la memoria de Adolf Hitler.
Hay nervios en el cuartel electoral de Petro, acarician la victoria pero en esta recta final los medios derechistas han ido con todo a desacreditar al izquierdista Petro, agitando todos los fantasmas. Desde su pasado guerrillero y la connivencia con las guerrillas que siguen activas -como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o las escisiones de las FARC que retomaron las armas- hasta la evocación de Venezuela como presunto referente de la izquierda colombiana.
El último espantajo es la presencia del catalán Xavier Vendrell en el equipo de confianza de Petro. Al empresario y exconseller de la Generalitat le achacan su antigua vinculación con Terra Lliure en sus años mozos y su reciente detención por el caso Volhov. Vendrell, entre otras, está acusado de ser uno de los arquitectos de Tsunami Democràtic, el grupo que convocó acciones y movilizaciones de protesta contra la sentencia del juicio del Procés.
Pero lo cierto es que quien sufre la violencia son las gentes de Petro, el conglomerado Pacto Histórico que ha coaligado al grueso de la izquierda colombiana.
Les cuelgan el mochuelo del terrorismo por su pasado guerrillero. Pero quien está enterrando a compañeros -día sí, día también- son los de Petro, también en esta campaña electoral, asesinados a tiros por los paramilitares.
Otro enemigo declarado de Petro y de la izquierda colombiana es la influyente Iglesia evangélica con sus 10 millones de seguidores. Le achacan ser feminista y tolerar la homosexualidad, cuestiones que no son menores en la tierra de Pablo Escobar. El machismo más recalcitrante impera por doquier en buena parte de esta sociedad. O el aborto, otro de los reproches a Petro en un país donde se prohibía abortar. Una sentencia de este mismo año despenalizó el aborto hasta la semana 24.
Aunque, sin duda, hay cambios. En Medellín, cuna del Patrón Escobar, el alcalde (independiente y antiguo miembro del Partido Conservador) ha pedido públicamente el voto para Gustavo Petro.
Por Sergi Sol (vía Público)