Poderoso caballero Don Dinero.
Primero fue Edgardo Novick. Un empresario millonario sin trayectoria pública conocida se propuso construir un Partido y saltar a la arena política. Se dirá que aprovechó una circunstancia particular y que, en su momento, fue convocado como una figura de cierta independencia capaz de aglutinar adeptos en el marco de un proyecto de confluencia de los partidos tradicionales para competir en el esquivo departamento de Montevideo, que hace 28 años que es gobernado por el Frente Amplio. Pero a partir de esa incursión original, Novick desarrolló una estrategia propia de construcción política con el objetivo de alcanzar la Presidencia de la República. Y lo hizo exclusivamente a base de sus recursos insondables. Ni siquiera se preocupó demasiado de captar reconocidos dirigentes y convencer con una elaboración programática fina; por el contrario, delegó a agencias de selección de personal el trabajo de hacer una especie de casting en todo el país para designar a los candidatos que lo acompañarán en la disputas municipales. Con guita y más guita, Novick se adelantó a todos los plazos y ha metido cualquier cantidad de publicidad tradicional y no tradicional para asegurarse un posicionamiento ante la opinión pública muy por encima de su intención de voto y muy despegada de su influencia objetiva en la vida política nacional. Es absolutamente impresionante su presencia en los medios, sobre todo si se toma en cuenta que apenas mueve la aguja en las encuestas.