Fue únicamente cuando ya estaban en Punta del Este que las mujeres se percataron de que los hombres les cobraban un alquiler por el departamento en Maldonado y que retenían una parte de sus ingresos como trabajadoras sexuales. Además, los individuos, posteriormente detenidos e imputados como proxenetas, les prohibían salir del lugar sin autorización y las mantenían incomunicadas. Solo podían hablar por teléfono en presencia de ellos.
Los hombres instalaron rastreadores en los celulares de las mujeres y les negaban la posibilidad de salir solas de su alojamiento.
El lunes 8 de enero, alrededor de las 8:30 de la mañana, la Policía respondió rápidamente a un llamado al 911 que alertaba sobre dos mujeres en la estación de servicios Ancap, que pedían ayuda porque -afirmaban- estaban secuestradas.
Las mujeres simularon sentirse mal y les pidieron a los hombres poder ir al baño, lo que aceptaron. Fue en ese momento cuando pidieron ayuda a una empleada del lugar, que llamó a la Policía.