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28 de mayo: la salud de las mujeres como derecho y la disputa por una agenda democrática

En Uruguay, la organización Mujer y Salud en Uruguay (MYSU) alerta sobre los riesgos que enfrentan actualmente las políticas de salud sexual y reproductiva en un contexto internacional marcado por el avance de sectores ultraconservadores.

Cada 28 de mayo se conmemora el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, una fecha nacida en 1987 durante el V Encuentro Internacional de Mujer y Salud realizado en Costa Rica, que desde entonces se transformó en una jornada global de movilización y reivindicación de derechos. Más que una efeméride sanitaria, la fecha representa una interpelación política profunda sobre el lugar de las mujeres, la autonomía sobre los cuerpos y la responsabilidad de los Estados en garantizar derechos fundamentales.

Lo que pasa en Uruguay

La organización Mujer y Salud en Uruguay (MYSU) con motivo de esta conmemoración alertó sobre los riesgos que enfrentan actualmente las políticas de salud sexual y reproductiva en un contexto internacional marcado por el avance de sectores ultraconservadores, las tensiones geopolíticas y las restricciones fiscales. El pronunciamiento sostiene que los derechos sexuales y reproductivos continúan siendo uno de los principales campos de disputa política y cultural en América Latina y el mundo.

La organización advierte que allí donde avanzan discursos antiderechos, se debilitan las garantías democráticas y aumentan las amenazas sobre la autonomía de las mujeres, la diversidad sexual, la educación sexual y las políticas de protección social. Según MYSU, los ataques contra el aborto legal, la negación de la violencia de género y las expresiones racistas, xenófobas y antidemocráticas forman parte de una reacción global frente a los avances alcanzados por los movimientos feministas y de derechos humanos en las últimas décadas.

Se afirma que este escenario con las consecuencias de la crisis económica internacional y el aumento de los conflictos armados, que están llevando a muchos gobiernos a aplicar ajustes fiscales y recortes presupuestales en áreas sensibles como salud, cuidados y protección social. Para MYSU, estas decisiones impactan de manera desproporcionada sobre las mujeres y los sectores más vulnerables, profundizando desigualdades ya existentes.

En este contexto, la organización plantea que Uruguay enfrenta una oportunidad política relevante. Destaca que el actual gobierno ha colocado entre sus prioridades la atención de las urgencias sociales y la reducción de desigualdades, lo que podría abrir una ventana para fortalecer políticas públicas integrales con perspectiva de género y derechos. Sin embargo, advierte que los avances logrados en las últimas décadas continúan siendo insuficientes y vulnerables frente a intentos de retroceso político y cultural.

Uno de los puntos más relevantes del pronunciamiento es la reflexión sobre la baja fecundidad y las políticas de población. MYSU sostiene que este debate no puede abordarse desde miradas meramente demográficas o economicistas, ni desde perspectivas que reduzcan nuevamente a las mujeres a funciones reproductivas. Por el contrario, plantea que la discusión debe incorporar factores estructurales como desigualdad de género, dificultades de acceso a vivienda, empleo, autonomía económica y la crisis de los cuidados.

La organización reivindica además el cambio de paradigma impulsado a partir de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo en 1994, que colocó a las personas y sus derechos en el centro del desarrollo. Desde esa perspectiva, sostiene que las respuestas del Estado deben construirse desde modelos de inclusión, igualdad y fortalecimiento de derechos, avanzando hacia una “sociedad del cuidado” que supere lógicas individualistas, meritocráticas y excluyentes.

MYSU convoca a renovar el compromiso colectivo con una agenda democrática basada en derechos humanos, igualdad y justicia social. En un contexto global atravesado por incertidumbre, polarización y conflictos, la organización plantea que defender la salud sexual y reproductiva, la autonomía y la igualdad de género no es únicamente una reivindicación sectorial, sino una defensa más amplia de la democracia, la convivencia y las condiciones de vida digna para las grandes mayorías.

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