Su conclusión fue menos futbolera que institucional: quizá el problema no sea solamente el entrenador o los jugadores, sino una serie de decisiones acumuladas durante años.
Del otro lado apareció el senador Sebastián Da Silva, que resumió su análisis con la contundencia de un hincha después de perder un clásico: "Un desastre". Definió al plantel como "una generación para el olvido" y, para sorpresa de muchos, cerró con un inesperado "Vamos Argentina".
La frase generó más rebotes que un remate en el travesaño.
Las respuestas no tardaron en llegar. Hubo quienes le recordaron que representa a Uruguay antes que a cualquier camiseta, quienes le retiraron simbólicamente el voto y quienes concluyeron que cambiar de bandera en pleno Mundial era una metáfora demasiado perfecta de la política contemporánea.
¿Interpelar a Bielsa?
Mientras tanto, el senador Andrés Ojeda pareció trasladar el Parlamento al Complejo Celeste. "La interpelación era a Bielsa", dijo, en una frase que hizo imaginar por unos segundos al entrenador argentino respondiendo preguntas sobre cambios tácticos, tenencia de pelota y porcentaje de pases acertados en el Palacio Legislativo.
Como suele ocurrir en Uruguay, tampoco faltó quien aprovechara la ocasión para ampliar el menú de responsabilidades. Desde una columna de opinión del diario El País, el fracaso deportivo terminó conectado no solo con Bielsa sino también con el Frente Amplio y la Intendencia de Montevideo, demostrando que en este rincón del mundo una eliminación mundialista puede terminar explicando absolutamente todo.
Porque si algo caracteriza al debate público uruguayo es su extraordinaria elasticidad. Un córner mal ejecutado puede derivar en una discusión sobre políticas públicas; una derrota puede desembocar en un balance de veinte años de gestión; y un gol errado habilita, sin escalas, un análisis sobre el estado de la República.
Quizá esa sea nuestra verdadera identidad futbolera.
Mientras otros países lloran la eliminación, en Uruguay la transformamos en un seminario nacional. Aparecen expertos en tácticas, economistas del deporte, sociólogos del vestuario, constitucionalistas de la línea de tres y politólogos especializados en laterales derechos.
El Mundial terminó para la Celeste. Pero recién empieza el campeonato donde los uruguayos somos candidatos de siempre: el de encontrar explicaciones.
Y en ese torneo, convengamos, nadie nos gana.