Esta disyuntiva venezolana no es nueva; es la que han enfrentado todos los territorios libres cuando se han desprendido de la cadena y de la sumisión. Todos los territorios al sur del Río Bravo debieron forjar su independencia de las metrópolis europeas a sangre y fuego, y los que han asumido el desafío de construir su segunda y definitiva independencia también han debido pagar este exigente precio.
Para conquistar Venezuela, Estados Unidos deberá poner un ejército en acción. Para conquistar cualquier país hay que conquistar su territorio y sustituir sus instituciones. No basta con matar al presidente, ni con secuestrar jueces y ministros, ni con tirar direcciones una atrás de la otra. El ejército de marras puede ser un ejército del territorio a colonizar, como sucedió en Chile o como sucedió en otros tantos golpes dirigidos desde la embajada. En su defecto, el propio Ejército de los Estados Unidos. Sin eso, no hay conquista, aunque les roben todos los barcos y le bloqueen a Venezuela todas las cuentas.
Por el momento, y si no hubo una completa traición algo que yo, personalmente, descarto, Trump apenas logró lo que se puede con recursos económicos infinitos, infiltración y tecnología, pero no logró lo que sólo se puede lograr arriesgando la vida de sus soldados. Y aunque todos los días se jacten Trump y su secuaces indecentes, sujetos repugnantes y sin ninguna clase de decencia, de gobernar por interpósitas personas a Venezuela, nada de eso es verdad más allá de las estructuras de propaganda.
Mención especial al pueblo cubano
Reservo un último párrafo para rendir mi humilde homenaje a los treinta y dos custodios cubanos que dejaron la vida defendiendo al presidente Maduro. A mí, que he sido, como lo ha sido mi familia, beneficiario de la incuestionable solidaridad de la Revolución cubana, me consterna este martirio de un grupo de hombres que se batió hasta la muerte contra el ejército más poderoso del mundo en cumplimiento de su deber revolucionario. Me hace pensar lo pequeño que es ese imperio frente a la dignidad de mi pueblo. Han muerto cubanos junto a Allende en Chile, han muerto en Granada, en Nicaragua, en las luchas de descolonización de África, en Angola, en Namibia, en Etiopía, han muerto en Vietnam; por todos lados van dejando su sangre gloriosa contra el imperialismo, sin dar ni pedir tregua, llevando adelante la tarea de José Martí de impedir que se extiendan los Estados Unidos por el continente y caigan sobre nuestras tierras de América.