El juez Alejandro Recarey y su increíble fallo
Que el juez Alejandro Recarey le pida al gobierno toda la información que tenga sobre las vacunas me parece bien, que quiera conocer el contenido del o los contratos que se firmaron con multinacionales de la big pharma me parece bien, que se asesore con expertos en inmunología, bioquímica, virología, medicina sobre los posibles efectos secundarios de la vacunación, me parece bien, que discuta si el procedimiento debe ser obligatorio o voluntario, si cabe o no cabe el consentimiento firmado, que le interese saber cuáles son las condiciones ante la posibilidad de demandas judiciales o eventuales juicios por indemnización, puede ser razonable y hasta compartible, pero que ordene suspender la vacunación de la población menor de 13 años porque él, especialista en Derecho, pero absolutamente lego en medicina, inmunología y otras ciencias biológicas y de la salud, no entiende qué contiene la vacuna de Pfizer, cómo funciona ese inmunógeno y por qué es absurda la imputación de que pueda contener grafeno o nanodispositivos o ser magnética es un reverendo disparate, un acto de irresponsabilidad mayúscula y la entronización del talenteo, al punto que un hombre considera que por ser juez tiene dominio sobre cosas de las que no sabe o no entiende porque jamás las ha estudiado.