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El país partido

Lentamente caminamos hacia el despeñadero. El odio carcome las raíces de nuestra sociedad.

Las redes sociales son una muestra, no la única, de cómo cualquiera se siente autorizado a insultar a otro con el que no coincide. Y muchas veces lo hace recurriendo a falacias, a informaciones falsas o simplemente a lo que cree, no a lo que sabe. Esto no surgió de la nada, tiene impulsores, y si la gente no reacciona, más temprano que tarde todos lo lamentaremos.

El 20 de mayo fue un día oportuno también para aprender. En 1966, el entonces diputado nacionalista Héctor Gutiérrez Ruiz, “El Toba”, decía en una radio de Tacuarembó, según recogió La Diaria: “Sabemos muy bien que estamos en tiempos políticos difíciles y, por lo tanto, no es momento de gastar energías en cuestiones personales, en puntos de vista propios. Lo que importa, antes que nada, es el Uruguay del mañana. Hoy es más necesario que nunca aventar, tirar muy lejos el odio, el rencor, el resentimiento, la cosilla personal en la cual está en juego el puntillo de honra de la pequeña vanidad de los hombres”.

Escuchar a familiares de Zelmar y El Toba fue una lección de humanidad, también de política. No sólo por el cariño y respeto que se profesan mutuamente, sino por la encendida defensa de valores y acciones comunes.

Al mismo tiempo leíamos a hinchas de Peñarol indignados porque sus jugadores ingresaron a la cancha con una camiseta de Familiares. “Las cuestiones políticas no tienen lugar en el club”, decían quienes seguramente desconocen, o fingen desconocer, que históricamente Peñarol fue asociado al Partido Colorado, porque la mayoría absoluta de sus dirigentes eran parte importante con cargos de gobierno en esa colectividad. Con el mismo argumento Nacional emitió un comunicado amenazando a sus jugadores con sanciones. Un club históricamente asociado a los blancos porque tuvo muchos dirigentes de ese partido político.

Y así como Peñarol también sirvió para que Julio María Sanguinetti fuera electo presidente en 1984, seguramente la labor de Tabaré Vázquez como presidente de Progreso colaboró para que fuera elegido intendente de Montevideo en 1989. Lo que la mayoría desconoce, o finge desconocer, es que fútbol y política han estado asociados siempre.

La causa de Familiares no es partidaria, es profundamente humana. Pero para los odiadores cualquier argumento sirve. Hablar de la marcha del pasado miércoles implicaba que enseguida te estamparan la foto de los cuatro soldados asesinados el 18 de mayo de 1972. Desconocen, o fingen desconocer, que ninguno de los restos de detenidos políticos encontrados hasta el momento eran de integrantes del MLN. Todos eran parte de organizaciones políticas legales antes de la dictadura, incluso de un maestro asesinado a balazos por la espalda. En todo caso desconocen, o fingen desconocer, que el terrorismo de Estado y el terrorismo político son asuntos bien diferentes.

Desde la izquierda tampoco se quedan cortos. Para muchos, blanco igual corrupto, y de esa forma agreden a personas orgullosas de su pertenencia política pero que nada tuvieron que ver con las acciones de algunos correligionarios.

El mayor problema es que el odio no se detiene en los dichos sociales, hay importantes dirigentes alentándolo. Desde la campaña electoral varios de ellos escarnecieron al candidato, ahora presidente, Yamandú Orsi.

Hay odiadores seriales en todos los partidos políticos. E inevitablemente eso permea hacia la gente. “Zurdo de mierda” o “facho hijo de puta” son calificativos resaltantes hoy. Al que se considera enemigo hay que destruirlo, ni siquiera intentar convencerlo.

Varios legisladores y dirigentes blancos de Maldonado han cuestionado públicamente al intendente Miguel Abella, también blanco, por apoyar la labor de la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg. En Paysandú hay blancos que realizan graves acusaciones contra el intendente Nicolás Olivera, también blanco, y se le reclama mayor dureza con el Gobierno central. Sin embargo, un senador blanco se mostró dolido porque el intendente blanco de Cerro Largo, Christian Morel, informó que denunciará en la Justicia a su antecesor del mismo partido.

Aquellos que tenemos algunos años ya vivimos un proceso similar a principios de los 70, y todos sabemos cómo terminó. Queda la duda de si de ese tiempo se aprendió algo. Seguramente la mayoría absoluta de los uruguayos no quiere regresar a ese tiempo. Para eso es necesario que el ciudadano se involucre más, que no se sume a campañas estúpidas y destructivas, que levante la mirada y piense en qué país pretende legar a hijos y nietos. Y, sobre todo, que considere que ese país necesita a todos.

En el interior todavía ocurren cosas ejemplarizantes. Cuando un vecino necesita ayuda, nadie pregunta a qué partido votó, simplemente, “como vecinos”, dan una mano. Pero a oficialismo y oposición también hay que reclamarles porque este país partido le sirve a muy pocos.

Al Gobierno

En los últimos días, varias encuestas revelan un pronunciado descenso en la aprobación del Gobierno. La oposición se regodea con ese dato y desde el oficialismo se vacila. Desde nuestro punto de vista hay dos temas que contribuyen con esa caída: seguridad y economía. Estos son dos asuntos que involucran a todos. Ni la visita al Nimitz ni denominar genocida al Gobierno israelí le cambian la vida a la gente. El ciudadano quiere ganar más dinero y que no se lo roben, y menos lo maten, tan sencillo como eso.

El secretario de presidencia, Alejandro “Pacha” Sánchez, dijo que “los delitos han bajado y con los números no se puede discutir”. Uno de los problemas de este Gobierno es que tiene muchos catedráticos haciendo números, pero poca gente con calle y boliche, porque, si no, le dirían: “Pacha, mirá las noticias, los robos hoy son a gran escala; ya no van por un celular, ahora ingresan a domicilios o negocios a robar dinero”. O también le recordarían que ya es casi normal tener 3 homicidios diarios o 6 un fin de semana.

En un mes dos policías asesinaron a cinco personas con sus armas de reglamento y luego se suicidaron. “Enfermedad mental” fue la excusa. El problema es cuántos de estos enfermos tienen la tarea de cuidarnos a diario. Según cifras oficiales, el 15 % de la fuerza policial está certificada. Son unos 5.000 policías a los que pagamos todos los meses, mientras por otro lado se reclama presupuesto para ingresar 2.000 efectivos.

Las personas en situación de calle se han convertido en un asunto policial. La mayoría de ellos son expresos que no sólo no tienen donde vivir, sino que necesariamente tienen que robar para comer. Esta serpiente que se muerde la cola hace que todos los días vayan a parar a la cárcel, no solo delincuentes peligrosos, sino también pobres desgraciados que se llevan un paquete de panchos. Difícil que a un poderoso se le aplique la misma ley.

Y así llegamos a tener una cifra muy imprecisa pero superior a 7.000 personas en todo el país en situación de calle. Llevarlos a un refugio sirve ahora pero no resuelve ningún problema.

El otro tema grave es la economía. Es cierto que hay una importante recuperación del salario real. Pero cuando ese salario es de 25.000 pesos, 100 pesos más o menos no cambian la vida de nadie.

Los que dicen que la inflación bajó seguro no van al supermercado. Es fácil constatar aumentos de hasta un 10 %, y más, de una semana para otra en alimentos de primera necesidad. Por ejemplo, hace 15 días medio kilo de café costaba 525 pesos, hoy vale 645; una baguette que hace una semana costaba 79 pesos, hoy vale 99. El Ministerio de Economía responsabiliza a la difícil situación internacional y a la herencia recibida por gran parte de nuestros problemas económicos.

Me tomo el atrevimiento de sugerirle una idea al señor ministro que le aseguro ayudará a hogares pobres. Las multas por moras en el pago de servicios públicos son enormes. ¿Qué tal si a aquellos que reciben facturas por hasta 5.000 pesos no se les cobra mora si se atrasan? Le aseguro, señor ministro, que así dejaría entre 500 y 1.000 pesos mensuales en cada bolsillo, algo así como un día o dos de alimentos. Al Estado no le significa ningún costo agregado y, si no se paga, al corte como ahora.

Las jubilaciones son un debe enorme, pero se pone el grito en el cielo si se insinúa modificar los costos de administración de las AFAPs. Año a año ponemos 500 millones de dólares para que oficiales de las tres armas se jubilen en condiciones de absoluta desigualdad con el resto de los ciudadanos.

Llevamos 14 meses de gobierno y sobre pobreza infantil ya casi ni se habla. Aunque algunos sectores insisten con cobrar el 1 % más de impuestos a los más ricos, el Gobierno ya ha dicho que eso no camina. ¿No hay otra idea? Porque afuera hay miles de pibes con hambre y frío.

Así y todo, a este Gobierno lo votó la mayoría del país y la democracia implica respetar las decisiones de la mayoría. A veces parece que hay sectores con voluntad destituyente.

A la oposición

A la oposición hay que reclamarle sensatez y que se haga cargo de la herencia. Ayer escuchamos a algunos legisladores enojados porque el ministro de Economía anunció que irá a la interpelación el mismo día en que Uruguay debuta en el mundial. Podría ser hasta graciosa si la crítica no proviniera de la misma persona que se organizó para mentirle al Senado sobre Marset.

En democracia, la oposición debe controlar al oficialismo, nada nuevo. Ahora ese control parece un poco excesivo sobre un gobierno que, si bien cometió errores, no tiene a ningún Astesiano ni ayudó a liberar a ningún Marset, ni destruyó documentos en la Torre Ejecutiva.

Hacer tabla rasa con toda la oposición también es un error. Así como hay quienes solo piensan en su candidatura para el 2029, hay otros interesados en resolver problemas. Con estos hay que conversar.

¿Qué futuro hay?

En este mundo donde 350 personas son dueñas del 75 % de la riqueza global y donde un señor elegido democráticamente se asume como dueño y amo de vidas ajenas, estén donde estén, seguro ya no podemos verlo como hace ¿10 años? Hay una metodología de acción de sectores de la ultraderecha mundial que comienza a instalarse en nuestro país. La última mala noticia es que el magnate Peter Thiel, fundador de PayPal, invirtió 10 millones de dólares en cinco terrenos donde se construirá un bunker cerca de La Barra. Este hombre es el que proclama que democracia y libertad son incompatibles.

El insulto soez sobre gobernantes y cualquier persona a la que se sospeche de izquierda es parte de esta metodología, como lo vemos en Argentina, España, EEUU, Perú, por ejemplo. También se usa a la Justicia para realizar falsas denuncias con las que se intenta conmover a la opinión pública.

Hoy tenemos unas 50 guerras de alta intensidad y unos 170 conflictos armados en unos 40 países. Difícil, aunque obligatorio, pensar en la paz.

Sí se puede constatar que la ultraderecha crece y la izquierda se desvanece.

A Zelmar y al Toba los unió la tragedia. En 1985 los uruguayos superamos la tragedia colectiva unidos y con esperanza. ¿Será necesaria otra tragedia para recuperar la unidad? Por eso ahora y aquí es necesario recordar lo que decía “El Toba” Gutiérrez Ruiz hace 60 años y que tiene plena validez: “Hoy es más necesario que nunca aventar, tirar muy lejos el odio, el rencor, el resentimiento, la cosilla personal en la cual está en juego el puntillo de honra de la pequeña vanidad de los hombres”.

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