El informe establece además una relación indivisible entre la calidad del empleo y el nivel educativo alcanzado. Los datos demuestran que la educación actúa como un escudo frente a la precariedad: mientras que la informalidad golpea al 65,1% de quienes no completaron la educación media, el índice desciende al 43% entre quienes cuentan con secundario completo o estudios universitarios inconclusos. En el extremo opuesto, solo el 17,8% de los trabajadores con título universitario se encuentran en una situación de empleo no registrado.
Informalidad y pobreza
Esta falta de cobertura legal tiene un correlato directo en los niveles de pobreza. Según el IIEP, el 38% de los trabajadores informales se encuentra por debajo de la línea de pobreza, una realidad que solo afecta al 5% de aquellos que están integrados al mercado laboral formal. Esta diferencia de 33 puntos pone de manifiesto que el empleo registrado sigue siendo la herramienta más eficaz para el ascenso social y la estabilidad económica personal.
Finalmente, el análisis por género y edad arroja particularidades notables. Aunque habitualmente la tasa de informalidad femenina es superior a la masculina, en el segmento joven la tendencia se revierte: son los hombres de entre 16 y 24 años quienes presentan el índice de informalidad más elevado de toda la muestra, con un 67,3%. Por el contrario, los hombres de entre 45 y 65 años se posicionan como el grupo con mayor estabilidad, registrando una tasa de informalidad del 33,7%, la más baja reportada en el estudio.