También expresó su preocupación ante el hecho de que la IA esté siendo utilizada con fines políticos o económicos, manipulando y distorsionando el debate público. Y finalmente, alertó sobre abusos laborales vinculados a la automatización y la precarización del trabajo, en particular sobre trabajadores migrantes y mujeres.
La segunda noticia de relativo alto impacto ha sido la decisión de Microsoft de iniciar acciones legales contra actores que estaban explotando vulnerabilidades para usar IA generativa con fines ilícitos. Se trata de núcleos que intentan eludir salvaguardas, manipular modelos y revender acceso para generar contenido dañino. Desde Microsoft se explica la decisión como una aplicación del principio de protección al usuario de usos abusivos, al tiempo de reforzar la seguridad de sus sistemas.
Lo cierto es que semana a semana crecen las denuncias que muestran comportamientos dolosos, estafas y manipulación de opinión pública, agudizando el problema y agitando el debate sobre la falta de regulación y opacidad severa.
IA y la dependencia
En el debate indio sobre inteligencia artificial, como en buena parte del planeta, suele dominar el optimismo. Anuncios de inversión, nuevas alianzas y la promesa de que el país puede convertirse en un actor relevante en la economía digital. Pero de la evidencia y el contraste de estrategias no surge la misma conclusión.
En esta línea, más analítica y menos celebratoria ha surgido la opinión del mayor general (Dr.) Rambir Singh Mann, especialista en capacidades estratégicas, que ha afirmado con contundencia que el principal desafío no es desarrollar aplicaciones de IA, sino reducir la dependencia estructural de tecnologías críticas controladas por corporaciones extranjeras.
Mann describe un patrón conocido en el sector defensa: India “ensambla más de lo que diseña”. Trasladado al ámbito digital, el diagnóstico es similar. Los chips avanzados, los modelos de IA de base y la infraestructura en la nube siguen concentrados en pocos proveedores globales. Para él, esto limita la capacidad del país para fijar estándares propios, auditar sistemas complejos y sostener una estrategia tecnológica de largo plazo.
Su planteo no cuestiona la adopción de IA, sino la falta de autonomía en los componentes que la hacen posible. Advierte que, sin capacidades locales en áreas como semiconductores, algoritmos avanzados y sistemas autónomos, India dependerá de decisiones corporativas que no controla. Y esa dependencia, más que un problema técnico, se convierte en un condicionante para la política industrial y la planificación estatal.
Como respuesta, Mann propone fortalecer la investigación pública, crear programas de innovación orientados a misiones específicas y desarrollar infraestructura tecnológica que no dependa exclusivamente de proveedores externos. La idea es simple: sin capacidad de diseño propio, la IA puede ampliar brechas en lugar de cerrarlas.
Su advertencia introduce un tono más prudente en un debate dominado por la euforia. La pregunta que deja abierta es si India podrá avanzar hacia una estrategia de IA que combine adopción rápida con autonomía real, o si quedará atrapada en un modelo donde la innovación depende de decisiones tomadas fuera de sus fronteras.
Agravantes
En los últimos tiempos han comenzado a surgir voces interpelando por ponerle rigor al comportamiento corporativo, en especial, por las áreas sensibles que abarca. En particular, las preocupaciones están cruzadas por dos situaciones convergentes, aventureras y cortoplacistas. Por un lado, una cuestión de seguridad nacional asociada a la vertiginosa participación de la IA en la industria militar.
La “ética de la IA” tiene que ver con la guerra narrativa, una suerte de primera línea de la ética y la seguridad de la IA. Una práctica ética débil, como la de hoy, deja abiertas opciones autoritarias e incluso a aventuras militares, tal como está ocurriendo ahora mismo.
La desinformación alimentada por la IA no sólo debe preocupar como “daño social”, sino como factor de inestabilidad en el surgimiento de nuevas crisis y guerras.
Pero lo primero es la guerra desde una mirada militar, estratégica, el verdadero motor, con liderazgos opacos. La guerra narrativa está activa. La IA generativa reduce el costo de producir contenido persuasivo. Pero esto es apenas una parte del problema. Lo más profundo del asunto es si la IA es una avenida hacia una autonomía real o si, como fue enunciado, sin capacidad de diseño propio, la IA puede ampliar brechas en lugar de cerrarlas. Si la cuestión va por los equilibrios y la cooperación, o va por la dependencia y las supremacías. Son dos mundos muy diferentes.
Por: Ernesto Kreimerman