Un Lacalle Pou menos ortodoxo
“Me he vuelto cada vez menos ortodoxo”, confesó. Y enseguida aclaró que no estaba hablando de cambiar sus principios “según conveniencia”. Pero lo que vino después sonó, al menos por momentos, como una suerte de incursión en territorio discursivo históricamente frecuentado por la izquierda.
“Porque qué lindo ser ortodoxo y hablar de libertad cuando alguien no tiene laburo, no tiene casa, no tiene salud y no puede criar a sus hijos”, afirmó.
Esta versión lacallista planteando que los derechos formales pierden buena parte de su sentido cuando las personas carecen de trabajo, vivienda, salud o condiciones dignas para criar a sus hijos, está lejos de la los históricas conceptos dela derecha herrerista.
Otra de las frases que llamó la atención tuvo que ver con la relación entre política y territorio.
“No se puede gobernar un país si no se conoce. Y conocer es haber tenido la oportunidad de mirarse a los ojos, de conversar un rato, de entender los sueños, las alegrías, las tristezas, las esperanzas y cargarlas arriba del hombro”, sostuvo.
Un discurso atípico del Partido Nacional
El mensaje de "cercanía" y "territorialidad" fue otra de las sorpresas.
También allí apareció un concepto que forma parte del ADN de la izquierda uruguaya: la cercanía, detacando a la policlínica del barrio como lugar de encuentro.
“La unión es como concebir nuestro país: en una policlínica de barrio, cuando se necesita una silla odontológica o que llegue la ambulancia o los remedios, ahí está el pueblo unido, de ese pago, de ese barrio, que son blancos, colorados, frenteamplistas, del Partido Independiente y orejanos”, dijo apelando a una imagen que durante años fue patrimonio discursivo de la izquierda.
"Sólo le faltó hablar de los sindicatos y los miltantes sociales", señaló otro dirigente frenteamplista que no salía de sus asombro.