Verde remarcó que “A partir de estas historias, relatos y experiencias que comenzaron hace 80 años pero se replicaron a lo largo del tiempo, hoy podemos poner la mirada en qué significa misionar en el siglo XXI, en este Uruguay con nuevos desafíos pero con deudas históricas similares”.
La recuperación de testimonios, archivos y memorias orales es para ella un acto de justicia simbólica. “El mejor lugar que ocupan los testimonios es el resguardo de la memoria. Nos reflejan y nos hacen mirar al futuro. Es una protección que debemos tener para proyectar una educación con sentido social y territorial”, afirmó.
Un trabajo colectivo con anclaje histórico
Las actividades comenzarán este 29 de julio en Tacuarembó y se extenderán hasta noviembre, pasando por Cerro Largo, Canelones, Flores y Montevideo. Cada instancia incluirá jornadas de reflexión académica, recorridos por los territorios y homenajes a antiguos misioneros y misioneras.
La subsecretaria también destacó que este despliegue se trata de una articulación entre múltiples actores —el MEC, ANEP, Udelar, sindicatos y organizaciones sociales— que asumen un compromiso con la memoria pedagógica. “Lo interesante es que no solo coincidimos en los 80 años de las Misiones, sino también en los 80 años de la Federación Uruguaya de Magisterio, fundada un año después de la primera misión. Eso no es casualidad, es causalidad, el sindicato de maestras siempre estuvo involucrado con las políticas educativas y la pedagogía”, enfatizó.
Testimonios, territorio y política educativa
Verde subrayó que los trabajos que surjan de estas instancias no quedarán en el olvido. La idea es recopilar los aportes en un documento que pueda estar disponible en la web del MEC y ser distribuido en centros educativos. Pero su alcance puede ir más allá, “Sin duda puede ser un insumo para el Congreso Nacional de Educación del año próximo y para quienes están diseñando planes y programas. Porque lo que se recoge es reflexión viva y situada sobre qué tipo de educación necesitamos”.
Verde detalló que la comunidad local tiene un rol protagónico. “En Caraguatá (Tacuarembó), por ejemplo, la población se adueña del tema, trae a personas que fueron estudiantes cuando se dieron las primeras misiones, se genera una apropiación muy valiosa del proceso, que va más allá de lo institucional”.
Para la jerarca, resignificar las Misiones es preguntarse, desde el presente qué significa recorrer el territorio a nivel educativo, qué lugar ocupan hoy las políticas públicas en contextos de desigualdad y cómo educar en y desde los márgenes, con inclusión y participación comunitaria.
“Aprender y educar en contexto de pobreza sigue siendo un eje central, como lo fue en las Misiones originales. Volver a estos territorios con nuevas miradas y preguntas, pero con el mismo compromiso, es fundamental”, afirmó.