Para Paysandú y Salto, donde la competencia desleal por disparidad cambiaria es diaria, el mensaje suena conocido: las medidas “están en estudio”, pero no hay horizonte cercano de aplicación. Un razonamiento técnico, sí, pero que alimenta la percepción de un Estado que observa más de lo que actúa en una frontera cada vez más castigada.
UKG "un fenómeno" al que hay que acostumbrarse
Ese mismo jueves, Oddone se refirió también al cierre de la empresa estadounidense UKG, que en un solo movimiento dejó sin empleo a 300 trabajadores uruguayos. El ministro afirmó que “son eventos a los que tenemos que acostumbrarnos”, porque se trata de fenómenos “frecuentes” en industrias con empleo sofisticado.
El comentario, aunque pragmático, cayó con peso político. En un sector que hace años se presenta como uno de los motores del país, la idea de acostumbrarse a cierres repentinos no solo suena dura: marca una distancia entre la preocupación urgente de los trabajadores y la lectura macro del gobierno.
Mientras tanto, el Ministerio de Trabajo se enteró del cierre por los medios y aún no logró reunirse con la empresa. No hay sindicato, no hay canal formal, no hay negociación. Un caso que evidencia —como señalaron referentes del sector— que la competitividad de Uruguay no es solo un dato técnico, sino un problema de costos estructurales que sigue sin resolverse.
Una sociedad que “no pide cambios profundos”
A todo esto se suma la frase que Oddone dejó hace tres días y que completa el cuadro: según él, “la sociedad no está reclamando reformas profundas, sino continuar con procesos de cambios que hagan al país más inclusivo y justo”.
El ministro defendió la idea de continuidad: Uruguay tendría un rumbo claro, al que cada gobierno solo le imprime una impronta. El mensaje apunta a estabilidad, pero también instala un límite: si la sociedad no exige grandes transformaciones, tampoco el sistema político debe impulsarlas.
La posición resulta coherente con su enfoque sobre la frontera y sobre UKG: la prioridad es gestionar sobre lo dado, no alterar demasiado la estructura. Sin embargo, la lectura no es neutral. En un país con crecimiento moderado, pérdida de competitividad, brechas territoriales marcadas y sectores enteros bajo estrés, la ausencia de reformas puede sentirse menos como una preferencia ciudadana y más como una omisión del elenco gobernante.