Le pregunto qué se siente cuando es otro el que tiene la pluma. Se ríe: "Si es con viento a favor, aleluya". Fue leyendo el texto de a poco. Ehrlich hizo lo mismo, y Pan Cruz consultó a gente "que estuvo en la vuelta". Rosencof recuerda que en la clandestinidad la primera regla era destruir los papeles, y aún así algo quedó. Menciona el libro de Fernando Butazzoni, que los tuvo seis meses en su casa, a él y a Seregni, mano a mano. Se agotó y luego lo volvió a publicar Caras y Caretas, y dice: "Y se recontra agotó".
Las 30 horas
Hay un capítulo de esa época que todavía le deja preguntas. En Con la raíz al hombro, de 2023, dejó documentado que Brasil tenía planes de invadir si en 1971 ganaban el Frente Amplio o Wilson Ferreira. Fidel Castro se lo había advertido una vez: podían ganar, pero al otro día tendrían a los brasileños adentro.
Con ese telón de fondo, cuenta, Seregni planteó la resistencia militar a un eventual golpe. Se consultó a las fuerzas que tenían algún aparato, el Partido Comunista entre ellas, y el MLN se puso a las órdenes de ese comando en una operación llamada 30 horas. "Esa resistencia, que hubiera sido importante, no aparece en ningún lugar". En este punto vuelve a nombrar a Bottinelli, cuyo testimonio en el libro le parece clave: "Gran Bottinelli".
La Olivetti y los auditores
Cuando le pregunto qué quiere decir que la memoria esté en movimiento, contesta desde la política: "La política nunca está quieta, toma la forma que la coyuntura demanda". Enseguida está en Jesualdo Sosa, que sostenía que el primer guerrillero oriental fue Artigas, por cómo entendió y defendió la tierra.
Le pregunto si hoy cuenta algunos recuerdos distinto que hace treinta años. "Esa es una buena pregunta para mis auditores". ¿Y cómo es recordar a los 93? Actúa por cuenta propia. Lo explica con un ejemplo de esa misma mañana. Le habían hecho otra entrevista y él empezaba a contar una cosa, terminaba en otra y tenía que volver. Un recuerdo arrastra al siguiente. "A veces la máquina lleva mis memorias. La Olivetti me lleva".
Sobre si alguna vez descubrió que algo que recordaba con seguridad no había pasado así, no da una respuesta, da una imagen. Leyó una vez en una revista de la Unesco que todas las voces que se emitieron alguna vez siguen en algún lugar del espacio, como en una nube interminable. Le interesa menos qué recuerda mal que qué va a pasar con todo eso cuando él no esté.
Felicidades, a nudillo y en el peor cautiverio. Lo de Santa Clara de Olimar lo cuenta más despacio. No sabían dónde estaban. Una noche sintió golpes en la pared y entendió que era el Ñato Fernández Huidobro llamándolo. Se acostó en el piso para escuchar. La primera palabra que se dijeron fue en Navidad: "Felicidades". Ahí arrancó una conversación que duró doce años y medio entre Mauricio, el Pepe y el Ñato.
A través de esa pared se contaron novelas que escribían en la cabeza y discutieron de política golpe a golpe. En una de esas discusiones llegaron a un acuerdo. La lucha en la que estaban no era la de ellos, era la del pueblo uruguayo, y su tarea era recordar. "Si uno de los tres sale, tiene que dejar el testimonio de todo lo que hemos vivido".
Salieron en marzo de 1985. Vivieron un tiempo en Conventuales, donde recibían a los que volvían del exilio. Después se fueron a un rancho de sus padres en Las Toscas, y en quince días escribieron Memorias del calabozo.
Le pregunto qué no quiere que la memoria se lleve. Contesta con el Quijote: el caballero le encarga a Sancho, que no sabe escribir, que se acuerde de una carta palabra por palabra, y Sancho le pide que no se preocupe, que no se le va a olvidar.
Leerlo es toda una vivencia, es vivir la memoria. La memoria en movimiento se lee con un nudo en el estómago, se lee con estremecimiento. En cada página se oye a Rosencof, con sus vueltas, su alegría, su ironía y esa manera de bajar a tierra lo enorme, tal como lo hace en la conversación que da lugar a este artículo. Y se nota el oficio de Pan Cruz, que ordenó recuerdos de muchos sin quitarles la voz a ninguno.
El libro deja preguntas que exceden a sus protagonistas. Qué hacer con lo que otros soñaron. Cómo leer hoy la memoria de quienes estuvieron y de quienes siguen estando, de aquellos ideales que hicieron de este un país al que se miraba desde afuera. Rosencof no tiene respuestas cerradas para eso y no las quiere tener. Tiene la Olivetti, que de a poco vuelve a usar. El día de esta charla había logrado teclear una carilla entera.
Sobre Álvaro Pan Cruz
Periodista y escritor, Álvaro Pan Cruz lleva cerca de veinte años en la radio. Condujo programas informativos en Radio Fénix y en M24, donde estuvo al frente del matutino Info 24. Su trabajo también pasó por el gremio. Integró el Consejo Directivo Central de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) y presidió la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FePALC).
Como autor se dedicó a reconstruir la historia política reciente a través de sus protagonistas. Antes de La memoria en movimiento publicó Un amor compañero, sobre José Mujica y Lucía Topolansky. Con Rosencof lo unió primero la radio y después la amistad, y de ahí salieron las conversaciones que dieron forma al libro.