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Ya era hora de mostrar cartas

El gobierno comenzó a marcar la agenda y a desplegar acciones fundamentales, ahora hay que seguir transformando y acumular políticamente.

La acumulación de lanzamientos del mes de abril ponen al Gobierno en un lugar donde nos hubiese gustado verlo desde el principio: abordando los problemas acuciantes que, sin menoscabo de la trascendencia de la revolución de las cosas simples, incurren en el territorio esquivo de las cosas complejas. Era hora.

En el curso de un mes, el Gobierno presentó la Ley de Empleo Integral, un importante instrumento de promoción del empleo a los sectores con más dificultades en todo el país; el ambicioso plan de seguridad pública, confeccionado a lo largo de todo un año por el Ministerio del Interior en consulta con una multitud de actores; la estrategia nacional de situación de calle, una política abarcativa y multidimensional para atender la realidad de miles de uruguayos que viven en el estado máximo de vulneración de derechos que es la vía pública; la culminación del diálogo social con un grupo extenso de acuerdos entre el Gobierno, las organizaciones sociales, la academia y representantes del oficialismo y la oposición, para renovar y profundizar la matriz de protección social y, entre otras cosas, recuperar derechos en los que se había retrocedido en materia de jubilaciones y pensiones, y la presentación de un diálogo con trabajadores, empresarios, Gobierno y academia para elaborar una estrategia nacional de desarrollo y consensuar una mirada integral que exceda las puras variables económicas, para que el Uruguay avance en torno a misiones que reúnan capacidades y voluntades públicas y privadas para que el país crezca, distribuya, se desarrolle y la gente acceda a una vida mejor, más disfrutable y respetuosa de los derechos humanos de los que están y de los que vendrán en el futuro.

Claro que estas iniciativas están en diferentes grados de evolución y tratan dimensiones muy distintas de lo público. Desde el abordaje de la inseguridad que ha crecido en los últimos años y la emergencia de un fenómeno desbordado de indigencia y personas en situación de calle, hasta la confección de planes de futuros posibles, en un esfuerzo programático que ilusiona y contempla el mañana como un lienzo en el que permitirse soñar, y claro también que muchas de ellas requerirán de recursos, decisiones legislativas y más diálogos, como en el también anunciado Congreso Nacional de Educación que se realizará este año, pero impresiona como una decisión de encender motores, echar andar y, por primera vez en este período, conquistar el centro de la escena con propuestas, programas, medidas, y no apenas en una dinámica reactiva o en la interminable tarea siempre necesaria de repasar lo hecho, desarmar lo mal hecho, reconstruir e investigar lo sospechoso.

Que el Gobierno recobre protagonismo con propuestas y mirada progresista es fundamental para Uruguay, es fundamental para el Gobierno y es fundamental para la izquierda, en ese orden. Hay posiciones del Poder Ejecutivo que han generado discrepancias grandes en el seno del pueblo frenteamplista que difícilmente puedan resolverse con medidas en un mundo como el que estamos viviendo. Hay actitudes y posiciones que nunca podrán ser explicadas con argumentos que nos puedan henchir el pecho de orgullo. Y cuando no hay orgullo, hay vergüenza, aunque a algunos les cueste admitirlo públicamente. Pero, de todos modos, es un Gobierno que tiene responsabilidades asumidas porque tiene un programa y no se debe permitir que el tiempo se prolongue sin avanzar sustantivamente en los campos en los que puede avanzar. Por eso importa tanto esta temporada de lanzamientos, y más va a importar cuando estos lanzamientos se expresen en la cancha como realizaciones, como políticas, como militancia. Por eso es importante que se empiece a ver funcionando programas como Más Barrio, en los barrios del área metropolitana y varios otros de otros departamentos del país, porque ese tipo de política en el territorio representa un retorno de un estado a sitios donde el estado se había retirado y muchas veces habían sido copados por estructuras delictivas que crecen con menos obstáculos donde el Estado se ausenta y la precariedad se enseñorea.

Hay que seguir este camino que se manifestó y hay que estar advertidos de que los avances que afecten intereses de los sectores poderosos no serán sencillos y habrán de requerir firmeza, argumentos y militancia. Pero no es otra cosa la izquierda, y no debería serlo.

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