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Procesaron a Gregorio Álvarez por privación de libertad y torturas, pero no es el Goyo

Julio Gregorio Álvarez fue procesado a pedido del fiscal de delitos de lesa humanidad, Ricardo Perciballe.

La Justicia de Rivera dispuso el procesamiento con prisión de Julio Gregorio Álvarez, de 83 años, sobrino del exdictador Gregorio Álvarez, por delitos vinculados a torturas y privación ilegítima de libertad cometidos durante la dictadura cuando revistió en el Regimiento de Caballería N°3 de ese departamento. La resolución surge de una sentencia de la jueza letrada de Rivera de 1° Turno, Claudia Romano Cortazzo, a la que accedió El Observador.

Según publicó El Observador, Álvarez, de 83 años, fue detenido esta semana luego de que a fines de marzo la magistrada resolviera su procesamiento con prisión, aunque la medida quedó supeditada a una pericia médica destinada a determinar si su estado de salud permitía su reclusión.

La investigación judicial se centra en un operativo realizado en junio de 1972 por integrantes de un regimiento militar de Rivera contra supuestos miembros o colaboradores del MLN-Tupamaros. Según la sentencia que publicó El Observador, el procedimiento derivó en la detención de decenas de personas del departamento, muchas de las cuales no tenían vínculos comprobados con la organización.

Torturas y tratos crueles

Entre los arrestados estuvo Adán Ferreira, denunciante principal de la causa, junto a otras 42 personas que también aportaron testimonios ante la Justicia. Los relatos recogidos en el expediente describen que los detenidos fueron trasladados a las caballerizas del cuartel ubicado en la intersección de Cuaró y Brasil, donde —según la jueza— fueron sometidos a “tratos crueles, inhumanos y degradantes”, además de interrogatorios bajo apremios físicos y psicológicos.

La resolución judicial sostiene que las víctimas fueron puestas a disposición de la Justicia Militar y permanecieron privadas de libertad durante períodos prolongados en condiciones ilegítimas.

Ferreira declaró que permaneció tres días sin agua ni comida y que estuvo vendado durante 56 días. También relató que pasó aproximadamente dos años dentro del cuartel. Según consta en la sentencia, los detenidos eran retirados durante la noche para interrogatorios y, con el paso del tiempo, obligados a realizar trabajos dentro de la unidad militar.

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