La Federación Rusa adoptó desde ese momento una actitud conciliadora hacia el movimiento y reconoció su victoria, instando a los nuevos gobernantes a formar un gobierno representativo.
Pese al reconocimiento, el país euroasiático considera al Talibán como grupo “terrorista” e insiste en condicionar su postura a las garantías que el movimiento debería ofrecer en Afganistán.
Asimismo, el gobierno ruso está particularmente preocupado por el impacto que la victoria de ese movimiento pueda tener sobre las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central, que limitan con Afganistán.
La preocupación está centrada principalmente en el posible surgimiento de nuevos grupos yihadistas -que podrían inspirarse en los talibanes- y por un eventual aumento del tráfico de opio y heroína que la nueva situación podría desencadenar.