El efecto traspasó las fronteras. El índice bancario STOXX SX7P cerró con una caída del 5,7%. El alemán Commerzbank cayó un 12,7%, mientras que Credit Suisse se desplomó un 9,6%, todos arrastrados por los temores respecto a la repentina quiebra de Silicon Valley Bank.
Biden afirmó que "los estadounidenses pueden confiar en que el sistema bancario es seguro", mientras prometió nuevas y estrictas regulaciones tras la mayor quiebra de un banco estadounidense desde la crisis financiera de 2008. "Sus depósitos estarán ahí cuando los necesiten", dijo.
Además, la Reserva Federal está considerando la posibilidad de flexibilizar las condiciones de acceso de los bancos a su ventanilla de descuento. La medida pretende ayudar a las empresas a convertir en efectivo los activos que perdieron valor sin el tipo de pérdidas que provocaron el colapso de SVB.
Mientras tanto, el Tesoro y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos declararon que su máxima prioridad ahora es organizar una venta. El Tesoro también está trabajando para encontrar una solución que permita prestar asistencia a las cuentas no aseguradas que superen el umbral de 250.000 dólares. En palabras de la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, el principal objetivo del Gobierno nacional es evitar una reacción en cadena, pero rescate no habrá.
Efectos en el extranjero
Las consecuencias de la quiebra de SVB parecen haber empezado a extenderse por todo el mundo. Con la preocupación de que el contagio llegue ya a Canadá, la India o China, la unidad de SVB en el Reino Unido fue comprada por el grupo bancario HSBC para paliar las consecuencias.
De todo el sistema bancario, los bancos regionales fueron los más afectados. Las acciones de First Republic Bank cayeron más de un 60%, al igual que las de Western Alliance Bancorp y PacWest Bancorp.
Según el consejero delegado de esa entidad bancaria, Noel Quinn, esta adquisición refuerza la franquicia de banca comercial y mejora su capacidad de prestar servicios a empresas innovadoras y de rápido crecimiento, "incluidos los sectores de la tecnología y las ciencias de la vida, en el Reino Unido y a escala internacional".
En este contexto, los líderes de unas 180 empresas tecnológicas en su carta al canciller británico, Jeremy Hunt, le pidieron que interviniera, resaltando que "la pérdida de depósitos tiene el potencial de paralizar el sector y hacer retroceder el ecosistema 20 años" y que muchas empresas se verán abocadas a una liquidación involuntaria "de la noche a la mañana".