«No tendría que estar aquí, tendría que estar en el colegio al otro lado del océano. Me han robado mis sueños, mi esperanza con sus palabras vacías. De lo único que hablan es de dinero y nos cuentan historias sobre el crecimiento económico perpetuo. ¿Cómo se atreven?», cuestionó a los presentes en la primera jornada de reuniones en Nueva York.
«Si realmente entendieran la situación no estarían sin hacer nada. Nos están fallando. Los ojos de las futuras generaciones están sobre ustedes. Nunca los perdonaremos», sentenció la activista adolescente. Su discurso fue aplaudido y ovacionado por los presentes e hizo eco en todo el mundo.
Por su parte, el secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, aclaró en su discurso de apertura que la reunión de 2019 «no será una cumbre para hablar, hemos hablado bastante». Guterres dijo que este año la cumbre es de acción: «los gobiernos han venido a mostrar quiénes son los líderes del futuro verde; los jóvenes están exigiendo que se actúe con carácter de urgencia y tienen razón», puntualizó.
A sus 16 años, Greta decidió tomarse un año sabático para centrarse en una causa que considera más urgente. En agosto, subió a un velero para cruzar el Atlántico durante dos semanas hacia Estados Unidos. Su viaje fue todo un símbolo para potenciar transportes más amigables con el medio ambiente, y así limitar la huella de carbono de los aviones.
En poco menos de un año, su activismo la ha convertido en símbolo del cuidado al medio ambiente. Hija de la cantante lírica Malena Ernman y el productor sueco Svante Thunberg, la imagen de Greta Thunberg con sus características trenzas largas ya no es ajena para nadie. Tampoco sus palabras.
Durante este tiempo la joven ha sido recibida por varios líderes mundiales como el expresidente de Estados Unidos Barack Obama, el papa Francisco, la exdirectiva del FMI Christine Lagarde y el propio Guterres.
Ante todos ellos y en sus conocidas marchas por el clima, Greta ha pronunciado frases memorables que destacan su liderazgo ecologista. Entre las más emblemáticas están: «nunca somos demasiado pequeños para hacer la diferencia», frase que da título a su libro No One is Too Small to Make a Difference (2019).
En marzo, Greta fue nominada como candidata al Premio Nobel de la Paz 2019 y recibió el premio de Embajadores de la Conciencia de Amnistía Internacional el pasado 16 de septiembre.
La adolescente sueca está dispuesta a seguir en huelga cada viernes hasta que su país alcance los estándares establecidos en el Acuerdo de París, a pesar de que su país es una de las naciones que está tomando medidas más efectivas. Para ella, no son suficientes y los jóvenes están de su lado.
Su activismo también impera en casa. A los nueve años Greta Thunberg aprendió qué era el cambio climático en la escuela. Sus profesores le dijeron que debía ahorrar papel y apagar las luces. Fue así cómo se interesó por esta causa y comenzó a vincular a toda su familia, según contó a AFP.
Poco tiempo después ya había decidido ser vegana: dejó de comer carne, beber leche y comprar cosas nuevas. Pero su obsesión la condujo a una depresión con sólo 11 años. No comía, faltó a clases y hasta dejó de hablar. Tiempo después sería diagnosticada con síndrome de Asperger, un trastorno del espectro autista.
Fue entonces cuando toda la familia de la joven tomó conciencia de la lucha que estaba librando Greta y en la que se sentía completamente sola. Su madre, padre y hermana pequeña se sumaron a este nuevo estilo de vida y también pasaron a ser veganos. Como cantante lírica, su madre dejó de actuar en escenarios internacionales y ahora solo se presenta en los países nórdicos, en aras de evitar los vuelos.
Sobre su autismo Thunberg reconoció: «soy muy directa, digo las cosas como son y cuando decido hacer algo, lo hago sin dudar». Su perspectiva es que su diagnóstico es una fortaleza. «Ser diferente es un súper poder» es su premisa.