El voto a Bolsonaro fue un voto de odio hacia a los pobres y a los que representaron sus intereses. Por eso fue un voto que se concentró en los sectores que no lo son. Esto no significa que no haya habido gente humilde que votó al excapitán, como tampoco que no haya habido multitud de profesionales, artistas, intelectuales y ciudadanos de los sectores medios y medios altos que votaron a Fernando Haddad. Por cierto los hubo y muchos. De hecho, los más prestigiosos intelectuales de Brasil votaron al candidato del PT y se manifestaron abiertamente contra el ascenso de un liderazgo de talante profundamente antidemocrático. Pero, con todo, fueron excepciones: el comportamiento mayoritario fue el otro.
La otra pregunta importante es: ¿qué votaron los que votaron a Fernando Haddad? En primer lugar, los que votaron a Fernando Haddad votaron a Lula, que sigue siendo hasta el día de hoy el presidente mejor valorado de la historia de Brasil. Ni Haddad ni Lula representan el odio hacia los ricos. Su prédica no es emancipatoria en el sentido de remover un yugo y combatir a un opresor de clase. Tanto Haddad como Lula expresan un mensaje de inclusión que no es a expensas o en detrimento de los privilegios de nadie. Los gobiernos del PT mejoraron la vida de los más pobres sin que del otro lado alguien perdiera nada. El voto de los sectores pobres brasileños no tuvo ni tiene un tinte jacobino, no pretendía avanzar sobre la burguesía para hacer justicia popular y expropiarle lo mal habido y mandar al exilio a los oligarcas. Siempre fue un voto a favor de sí mismos, un voto simplemente para poder acercarse a las condiciones de vida de los otros, los que no los querían, los que los odian.
Ahora está claro que en Brasil triunfó el odio a los negros y a los pobres y a los homosexuales y a las minorías. Triunfó la revancha contra más de una década de una gigantesca anomalía constituida de gobiernos progresistas que mejoraron la vida de tanta gente. Quizá el mayor defecto de esos gobiernos fueron sus contemplaciones. Porque si ahora está claro quiénes son y qué quieren los que odian a los pobres, lo que no está claro es quiénes son los que odian a los ricos, los que escondidos tras las murallas de su poder y sus fortunas pergeñan la venganza contra los débiles por el sólo hecho de haber intentado ser felices.