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Régimen de excepción por libertad de opinión

Por Emir Sader.

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Caras y Caretas Diario

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Los regímenes de excepción se han vuelto el modelo político de los proyectos de restauración neoliberal en América Latina. Se articulan neoliberalismo, regímenes de excepción y control del proceso de formación de la opinión publica. Como la política económica de esos intentos de restauración es el duro ajuste neoliberal, son gobiernos condenados a chocarse con los intereses de la gran masa de la población y a mantener un bajo nivel de popularidad. Para seguir en el gobierno, tienen entonces que imponerse mediante proyectos mediáticos que dispongan del monopolio privado de los medios de comunicación. Porque la simple confrontación democrática entre lo que han realizado los gobiernos antineoliberales y lo que tratan de hacer los gobiernos que buscan restablecer el modelo neoliberal es frontalmente desfavorable a estos. En caso de que existiera un debate abierto entre los dos modelos, el que favorece a los intereses de la gran masa de la población tiene todas las posibilidades de triunfar. El caso de Lula es ejemplar. Atacado, perseguido, calumniado a lo largo de tres años, sin ninguna prueba concreta en su contra, a pesar de la acumulación de sospechas en la opinión publica, monopolizada por los medios privados, su imagen no deja de crecer en la población, superando 40% de apoyo, mientras la derecha y todos los partidos que apoyan al gobierno de Michel Temer sufren un enorme desgaste por ese apoyo. De ahí la acción combinada de los grandes monopolios privados de los medios con sectores del Poder Judicial y de la Policía para consolidar el régimen de excepción, que priva a la población de información objetiva y a los acusados del derecho justo de defensa. Gobiernos que actúan en contra de los intereses nacionales de sus países, en contra de los intereses de la masa de los trabajadores, en contra de las políticas de inclusión social, requieren medios serviles, aduladores, sin pluralismo ni información amplia. Regímenes de excepción son aquellos que corrompen la democracia desde adentro, valiéndose del poder del dinero para promover las campañas electorales conformadas por gurús mediáticos, especialistas en generar agendas falsas y artificiales y en destruir reputaciones. Requieren partidos sin ideología, que se amoldan a las demandas de los que triunfan en las elecciones y se adueñan del gobierno. Requieren organizaciones sindicales que negocian sus propios intereses y no defienden el interés de los trabajadores, avasallados por gobiernos neoliberales. La lucha por la recuperación de la plenitud democrática en los países donde gobiernos implantan programas de restauración neoliberal es la lucha esencial en esas naciones, porque ahí se juegan la soberanía popular, la formación plural de opiniones públicas y la defensa de los intereses nacionales.