Esto finalizó en una huelga en masa, chispa iniciática nada menos que de la Revolución Rusa de febrero, etapa primaria en la que toman en poder los mencheviques (en castellano “minoría”, en contraposición a los bolcheviques, “mayoría”; los primeros moderados y liberales y los segundos marxistas y, por ende, radicales. Los nombres quedaron establecidos en una reunión en la que los bolches eran mayoría, lo que no fue necesariamente así todo el tiempo).
La Revolución Rusa se desencadenó a través de dos etapas bien marcadas, una primera en la que tomaron el poder los mencheviques liderados por Kerensky y una segunda etapa en la que los bolcheviques, liderados por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin), tomaron el poder el 25 de octubre de ese año (7 de noviembre en el calendario gregoriano), lo que fue conocido como Revolución de Octubre.
El 8 de marzo es en esencia una fecha combativa, desde los inicios del siglo XX –sostenida sobre una funcional leyenda de mediados del siglo XIX–, encaramada detrás de la lucha de clases, encarando a las clases dominantes, escupiendo en la cara del statu quo de los Estados nacionales, sosteniendo la lucha de las mujeres por sus derechos.
El origen
Una de las más repetidas historias trágicas sobre el origen del 8 de marzo tiene su escenario en Nueva York en 1857. En una fábrica –cuyo nombre varía según el relator de la historia– en medio de una protesta de las obreras por sus derechos, el dueño de la misma las encerró y las prendió fuego, dejando un saldo de 129 mujeres obreras muertas. No existen empero documentos que avalen estas versiones, que obviamente recorrían de una punta a la otra del mundo cada 8 de marzo, encendiendo la mecha de la indignación y la protesta. Otro de los relatos no probados pero funcionales establecía que el asesinato de obreras (en este caso 145) había sido el 8 de marzo pero de 1908, aunque según el calendario histórico ese día fue domingo. Nueva York sería en todos los casos la ciudad del desastre. El incendió sí existió, pero fue posterior al establecimiento del día de la mujer en la Conferencia de Mujeres Socialistas. En la fábrica Triangle Shirtwaist Company de Nueva York fallecieron más de un centenar de obreras en 1911.
Pero más allá de mitos fundacionales, el Día de la Mujer surge encaramado detrás de muchas realidades de ese tipo que se repetían una y otra vez, en las que la lucha de las feministas se chocaba de frente contra el muro de concreto de las instituciones, de la costumbre, de la iglesia, de las clases dominantes y hasta de sus propias congéneres que no comprendían la importancia de la lucha.
Fue recién en 1910 que, en Copenhague, se inició la discusión en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas y se aprobó por unanimidad el establecimiento del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La socialista alemana Clara Zetkin fue quien hizo la propuesta internacionalista.
De las entrañas del movimiento obrero, de la lucha de las trabajadoras, surge con fuerza la fecha y la marca registrada de choque contra el poder establecido.
El recuerdo de Trotsky las coloca iniciando la Revolución Rusa, en medio de la escasez de alimentos y el descontrol de una Rusia exhausta y sometida. Lenin lo estableció como fiesta nacional de la URSS –aunque continuó siendo un día laborable hasta los años 60– “en conmemoración de los méritos de las mujeres soviéticas en la construcción comunista”.
La construcción del Día de la Mujer tuvo varios jalones importantes, entre los que se puede destacar cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) lo declaró oficialmente en 1977 y proclamar el 8 de marzo como el Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la Mujer y la Paz. A partir de entonces, el día dejó de ser de la mujer obrera para ampliarse al mundo, dejando de ser casi exclusivamente de los países comunistas o los sectores de izquierda del mundo entero.
Desde ese momento, la fecha ha sufrido variantes según los países. El 8 de marzo es festivo nacional en Afganistán, Angola, Azerbaiyán, Bielorrusia, Burkina Faso, Camboya, Cuba, Georgia, Guinea-Bissau, Eritrea, Kazajistán, Kirguistán, Laos, Moldavia, Mongolia, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Uganda, Ucrania, Uzbekistán, Vietnam y Zambia. Por su parte, otros sitios llevan adelante la modalidad del día festivo sólo para mujeres. Ocurre esto en China (solo media jornada), Macedonia, Madagascar y Nepal. En otros casos, como el de Camerún, Rumania, Bulgaria o las antiguas repúblicas yugoslavas, el día no es oficialmente festivo, pero sí se festeja extraoficialmente. Inclusive algunas empresas dan el día libre a las mujeres empleadas allí. En Italia o Rusia, o inclusive Albania, se da la extraña costumbre de regalar flores, inclusive deben ser amarillas en la península itálica, transformando el día de lucha en un segundo Día de la Secretaria.
De este modo, la lucha por los derechos está más viva que nunca, pero debe ser ontológicamente combativa y seguramente no morigerada por los medios masivos de comunicación, avalada por el Estado, sostenida en las ONG (que en esencia están financiadas por las oligarquías más recalcitrantes) y, por ende, entreverada con los grandes poderes imperiales. Igualmente celebremos la lucha. Queda mucho por hacer y por conseguir, queda mucho por lo que luchar y espacios que llenar, quedan muchas más marchas y paros y huelgas, pero quizás no sea lo mejor que el 8 de marzo sea subsumido por el poder y vaciado de contenido.