En un comunicado conjunto con la agencia de seguridad nacional de Estados Unidos y la autoridad canadiense de ciberseguridad -el Canadian Communication Security Establishment-, el NCSC indicó que supuestamente los ataques contra científicos nacionales forman parte de una campaña global del grupo APT29, “que busca usurpar los secretos de la búsqueda de la vacuna”.
APT29, también conocido como “The Dukes” o “Cozy Bear”, es un grupo de piratas informáticos que ha sido vinculado con la inteligencia rusa.
Por su parte, el director del Russian Direct Investment Fund (Fondo ruso de Inversiones Directas), Kiril Dmítriev, aseguró que Moscú no tiene necesidad de robar información sobre la vacuna británica, sobre todo, porque una compañía rusa ya negocia su producción en este país con la contraparte británica.
“No hay necesidad de robar nada, ni de tener secretos. Toda la información ha sido transferida a la empresa R-Farm que producirá la vacuna de Oxford AstraZeneca en Rusia”, dijo el funcionario a la emisora Times Radio.
Dmítriev opinó que la información sobre los supuestos ataques rusos contra instalaciones británicas que desarrollan una posible vacuna contra la Covid-19 fue lanzada por gente que busca “estropear la imagen” de la vacuna rusa.
Este jueves Dmítriev anunció el fin de la primera fase de los ensayos clínicos de la vacuna de Rusia y adelantó que la segunda etapa concluirá el 3 de agosto.
Los desarrolladores del remedio ruso contra la Covid-19 confían en poder sacarlo al mercado antes del mes de octubre.
“La vacuna rusa potencialmente puede ser la primera en el mercado y la más efectiva”
Dmítriev aseguró que está tan seguro del éxito de las pruebas rusas que ya ha vacunado a toda su familia.
“Yo fui uno de los voluntarios que participaron en los ensayos de la vacuna que vamos a producir. Me vacuné yo mismo, pero también lo hicieron mi madre, mi padre y mi esposa. Al cabo de 20 días todos desarrollamos anticuerpos, que son el doble de lo que suele tener un paciente con Covid-19”, aseguró.