Contrasta con esta experiencia y experticia fundada en el trabajo de más de un quinquenio, las posiciones que claman por un mayor endurecimiento de las penas y una limitación ascendente en los accesos a los denominados «beneficios penitenciarios».
Saavedra es un ejemplo claro, a través de su trabajo en el Polo Industrial antes y actualmente al frente del equipo de trabajo de la DINALI, un equipo con un elevado compromiso con las actividades de atención a las problemáticas diversas de los prisioneros y de los liberados, que las vías de salida del mundo delictivo no son justamente las que suelen incrementar la punitividad de las respuestas.
Ello lo observamos cuando reafirma su convicción, de que la DINALI es una institución que debe salir de la órbita del Ministerio del Interior, en tanto y en cuanto, su trabajo se fundamenta, principalmente, en la idea fuerza de que no es posible comprender las trayectorias delictivas, si no se recorre a la par, las historias de las vulnerabilidades de aquellos que ingresan y se mantienen en el mundo del delito como forma de vida.
No hay que ingresar en una discusión criminológica estéril, a los hombres se los transforma, siempre y cuando se sea capaz de acompañar, sostener y estimular el deseo de los mismos a esa transformación, es con ellos que se produce el cambio.
Este camino que describe Saavedra es el que habría que ampliar, ampliarlo en recursos presupuestales y en voluntades políticas y respaldos sociales, todo lo demás es errar el camino.