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Salió a la luz la verdad: las Fuerzas Conjuntas ejecutaron a seis civiles inermes sin resistencia

El fiscal Ricardo Perciballe probó que las victimas asesinadas no portaban armas ni se enfrentaron a las Fuerzas Conjuntas.

La Fiscalía Especializada en Delitos de Lesa Humanidad derribó la versión oficial de que el 14 de abril de 1972 el matrimonio Martirena, en la casa de la calle Amazonas, así como Gabriel Schroeder, en la casa de la calle Pérez Gomar, dispararon a los oficiales de las Fuerzas Conjuntas. La investigación del fiscal Ricardo Perciballe no encontró un documento, un croquis, una lesión que pueda acreditar el enfrentamiento que los oficiales dijeron se produjo ese día. Lo que sí encontró el fiscal es que los oficiales plantaron una ametralladora junto al cuerpo de Luis Martirena.

¿Quiénes fueron los responsables?

Los responsables de los asesinatos del matrimonio Ivette Giménez y Luis Martirena, quienes estaban en su domicilio de la calle Amazonas 1440 cuando fueron acribillados el día 14 de abril de 1972, y los responsables de los asesinatos perpetrados en la casa ubicada en Buceo, en la calle Pérez Gomar 4392, donde fueron ultimados Gabriel Schroeder, Alberto Candan, Armando Blanco y Horacio Rovira, fueron: el inspector Víctor Castiglioni, director de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia; el jefe de Policía de Montevideo, coronel Rodolfo Zubía, con la aquiescencia del ministro del Interior Alejandro Rovira; el subcomisario Hugo Campos Hermida, jefe del Departamento 5 de la DNII; el capitán Carlos Calcagno del Batallón de Infantería N.º 1 (Florida) con personal de tropa a sus órdenes, y el capitán de Fragata Jorge Nader Curbelo en comisión en el Ministerio del Interior.

Las seis víctimas se encontraban desarmadas, y tras la investigación que llevó adelante el fiscal especializado en Delitos de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe, se probó que los habitantes de los domicilios ubicados en Malvín y Buceo no portaban armas y que no mantuvieron enfrentamiento alguno con las Fuerzas Conjuntas, al tiempo que estaban vigilados desde meses antes. Así, los asesinatos perpetrados ocurrieron luego de que, en esa mañana, el MLN-T respondiera al Escuadrón de la Muerte o comando Cazatupamaros, con operativos que a su vez ultimaron a los oficiales Óscar Delega, Armando Acosta y Lara y Ernesto Motto. Del dictamen del fiscal Perciballe investigación que incluyó unos cien testimonios, exhumaciones y autopsia histórica por parte del equipo de Medicina Legal de la Facultad de Medicina se concluyó que de ningún informe o comunicado surge la producción de lesiones a efectivos de las Fuerzas Conjuntas o a terceros, así como daños materiales causados por disparos efectuados desde el interior de la casa. Del dictamen fiscal se desprende que como única evidencia de la versión oficial se encuentra la fotografía del cadáver de Martirena con una ametralladora en su poder que, luego de los testimonios recabados, se acreditó que la metralleta fotografiada fue plantada por los responsables del operativo. En tanto, en el caso de la casa ubicada en Pérez Gomar sostiene la Fiscalía no existe un solo elemento que abone la teoría oficial de que se trató de un enfrentamiento.

Uno de los testimonios que se tuvo en cuenta como prueba trasladada fue el del exministro de Defensa, Eleuterio Feranandez Huidobro, quien se encontraba en el altillo de la casa de la calle Amazonas y, al referirse al momento que es retirado luego de los disparos producidos por las Fuerzas Conjuntas, señaló: “Ahí pasamos por encima del cadáver de Luis Martirena y me di cuenta de que le habían puesto una ametralladora, si en la casa no había armas”.

En 2003, cuando se llevó a cabo una investigación sobre los hechos del 14 de abril, que finalmente fue archivada por el juez Rolando Vomero al haber fallecido los principales implicados, el juez letrado de Instrucción de 3er Turno, Daniel Alberto Echeverría, quien se constituyó ese día en los domicilios de Malvín y Buceo, expresó que la ametralladora “fue la única arma que vi, y aunque puede ser una opinión subjetiva, me pareció que había sido colocada deliberadamente entre sus manos. Realmente tengo la impresión de que no fue un enfrentamiento entre partes…”. Sobre el punto sin que nadie lo interrogara al respecto, el capitán Carlos Calcagno Gorlero, uno de los principales involucrados en el operativo, dijo: “Luego llegó Castiglioni, que Campos me lo presentó, y Campos se retira. Luego vuelve con una metralleta, era una Star 9 mm, me pareció que era esa. Lo veo que entra y sube por una escalera para arriba con la metralleta esa”, extremo que también fue corroborado por el agente policial Winston Franklin Silva Cordero, que participó en el operativo de la casa Amazonas: “Subo a un piso superior por una escalera de madera creo y me encuentro con que en el inicio de un corredor en esa planta había tirado un cuerpo masculino en un charco inmenso de sangre, que aparentemente era una persona que estaba en la casa; le acomodaron cerca de sus manos una ametralladora, no recuerdo de qué tipo, si era un arma liviana, digo esto porque en otras pasadas por el lugar esta arma no estaba, en un primer momento, desconociendo absolutamente quién la puso”.

Fiscalía y otras declaraciones

Ante la Fiscalía declaró el agente de Policía científica Ramón Hugo Surraco Moratorio, quien estuvo en el lugar del hecho y analizó las armas incautadas. Sobre la metralleta de la fotografía, señaló: “Es de las que usa la Policía. La que tenía la Policía factiblemente es el arma que se incautó y después se perició”.

El dictamen del fiscal Perciballe, que investigó para encontrar la verdad de los hechos a 54 años de ocurridos, pero que pidió el archivo porque los responsables de los asesinatos están muertos, sostiene que las casas atacadas eran locales de cobertura del MLNT, sus integrantes estaban vinculados a la organización pero no formaban parte del aparato armado. En la casa de Amazonas vivía un matrimonio con dos hijas, una adolescente y una niña, y en la casa de Pérez Gomar vivía un matrimonio con su hijo, un joven de 18 años integrante del MLNT. Al respecto, Laura Martirena Giménez, hija de las víctimas de Amazonas, declaró: “La vida en la casa éramos como una familia normal, como cualquier familia, mi padre trabajaba como periodista, dirigía una agencia internacional en Uruguay… y también era escribano. Nosotros llevábamos una vida normal”. “Me consta que en mi casa no había ningún arma”; su hermana, Ana Martirena Giménez, declaró por su parte que “yo reitero que a mi padre nunca lo vi armado, ni nunca vi un arma en casa, eso lo reitero porque lo tengo bien fijo. Respecto de lo que ocurrió había muchos vecinos presentes mirando lo que pasaba, todos dicen que los disparos vinieron de un solo lado, o sea que de la casa nadie disparó, que los disparos venían de afuera para la casa”.

Del croquis efectuado en la carpeta técnica del día 14 de abril se advierte que el cuerpo de Ivette Giménez se encontró en la planta baja alejada de las aberturas que dan a la calle Amazonas; el cuerpo de Luis Martirena en la planta alta, pero más alejado aún de las aberturas de la casa que dan a la calle Amazonas. Es más, en un corredor de la casa que carece de aberturas. Las heridas de muerte son fundamentalmente en cráneo. La pregunta es la siguiente: ¿Cómo pudieron ser alcanzados por las balas provenientes del exterior en el marco de un enfrentamiento? El exjuez Alberto Echeverría también describió en su declaración en 2003 que, cuando entró a la casa de la calle Amazonas, yacía en el suelo el cuerpo de Ivette Rina Giménez. “A simple vista me llamó la atención, y siempre recuerdo una profunda marca que tenía en el mentón, como si allí le hubieran aplicado un golpe fuertísimo”.

Por su parte, el agente policial Winston Franklin Silva Cordero (fallecido), que participó en el operativo, manifestó: “Continuando mi recorrido paso por una cocina que daba salida a un patio, y al yo salir al patio me encuentro con que dos o tres funcionarios correteaban a una mujer joven hasta que la agarran y la traen al interior de la cocina, la tiran al piso, esto es un cuadro del cual nunca más en la vida me voy a olvidar. Y el inspector Castiglioni, apoyando el pie derecho sobre los senos de la mujer, le introduce el cañón de su pistola en la boca. Salgo del recinto por lo dantesco y en el momento que yo me pongo de espaldas a esa habitación siento la explosión de un disparo”.

Todos los testigos que fueron interrogados en Fiscalía, por distintas razones, llegaron a la conclusión de que no se trató de un enfrentamiento. Héctor Amodio Perez, exdirigente del MLNT en esos momentos distanciado de la dirección y posteriormente de la organización, al ser preguntado sobre la versión oficial de que se trató de un enfrentamiento, señaló: “No, yo pienso que fueron ejecutados porque enfrentamiento era imposible que hubiera. No había armas. Entonces ahí nos quedamos aislados. Porque acababa de salir y estaban almorzando cuando yo fui a buscarlos. Y era efectivamente asado. Y no había armas ahí. Todas las armas estaban en la calle”. Posteriormente, al ser preguntado sobre la casa de Pérez Gomar, dijo: “No había armas en el lugar”, y, ante la pregunta “¿Usted dijo algo así como que oyó las voces de los militares?”, reiteró: “Los liquidamos a todos. Estaban comiendo asado. Todas las armas estaban en la calle”, aunque aclaró: “Puede ser que Candan tuviera un arma, pero no, no creo que haya habido enfrentamiento”.

Marcelo Nicolás Estefanell Galbiati, integrante del MLNT de activa participación en los operativos de ese día, al igual que Amodio Pérez tenía interceptada la radio policial y, en línea con aquel, manifestó: “Sube conmigo Wolf, y vamos escuchando el ‘captacana’ y a medida que vamos avanzando por propios hacia el norte, cuando llego a Av. Italia, sentimos por el captacana el operativo de Pérez Gomar. ‘Los liquidamos a estos pichis, estaban comiendo asado los hijos de puta’. Y lo otro que me comentó, que parece increíble, pero que de alguna manera le da cuerpo al acontecimiento, es que lo velaron allí pensando que era su hijo y se trataba de Horacio Rovira, el dueño de casa, el joven dueño de casa, el que habían llevado. Ella no reconoció a su hijo, su esposo no reconoció a su hijo, su hermano no reconoció a su hermano, por el estado en que estaba el cadáver, que estaba desecho”.

También se incluyeron, en la investigación encabezada por el fiscal Perciballe, interceptaciones telefónicas ilegales realizadas por la DNII en las casas de Amazonas y Pérez Gomar. La totalidad de los audios fueron entregados en un cassette marca FUJI por el inspector Víctor Castigioni, al periodista César Di Candia, cuando lo entrevistó para el semanario Búsqueda. Posteriormente, el cassette fue entregado por Di Candia al también periodista Leonardo Haberkorn, quien el 13 de marzo de 2021 publicó una nota bajo el título: “Dejalos, pero dejalos fritos”.

El fiscal concluyó que, “a partir de uno de los audios de las interceptaciones, se puede inferir claramente que, en lo que respecta al operativo de la calle Pérez Gomar, nos encontramos frente a una ejecución”. Se escucha el siguiente diálogo:

  • “¿El qué? ¿Dejalos entonces?”

  • “No, no. ¡Fritos!”

  • “A Candan Grajales entre ellos”.

  • “No, no, pero… ¿qué? No, dejalos no. Dejalos, pero fritos. Heridos no. ¡Heridos graves no!”.

De lo anterior se extrae que quienes estaban al frente de las acciones de la casa de Amazonas le dan directivas de actuación muy precisas y elocuentes a los de Perez Gomar. Los hechos del día 14 de abril de 1972 nunca habían sido investigados. Los hijos y hermanos de Gabriel María Schroeder Orozco, Damián Barredo, Damián, Esteban y Guzman Schroeder Orozco pidieron al fiscal especializado en delitos de lesa humanidad, Ricardo Perciballe, que se investigaran las circunstancias de las muertes a manos de agentes del Estado. A la denuncia se sumó Luis Grieco, primo de Horacio Rovira Grieco, quien también murió en el mismo procedimiento. Se sumaron a la denuncia Cristina y Graciela Blanco Katras, hermanas de Armando Blanco Katras, y Lucía Elola Blanco, sobrina de aquel, también muerto en ese operativo. Y también denunció Irina Candan, hija de Alberto Candan Grajales, quien muriera junto a los restantes.

A su vez, el fiscal Perciballe contactó a Laura Martirena Giménez, hija de Luis Martirena Fabregat e Ivette Rina Giménez Morales, quienes también pidieron investigar las circunstancias de la muerte de su padres acaecidas el mismo día, pero en su casa de Malvín, ubicada en Amazonas 1440. Los denunciantes indicaron que toda la vida la única versión que conocieron es la oficial sobre los hechos ocurridos ese día, es decir, que se trató de un enfrentamiento.

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