El partido que gobernó era Alianza País, pero la convergencia que permitió la victoria electoral fue mucho más grande; dentro de esta se encontraban los potentes sectores de los pueblos originarios, que en Ecuador tienen una gigantesca capacidad de movilización, tal como se hizo sentir en octubre de 2019.
Fue justo este sector, que encabezó el sector llamado Pachakutik, el que se marginó del gobierno de Correa durante su mandato, decidieron asumir una postura distante en principio, y luego se declararon en oposición, al punto de que luego de las protestas de 2019, la Confederación Nacional de Autoridades Indígenas del Ecuador prefirió aflojar la presión sobre el gobierno de Moreno, ante la posibilidad de darle juego directo a Rafael Correa en medio de la crisis.
En el actual panorama, el Pachakutik tiene una posición compleja, ya que, de no definirse las elecciones en primera vuelta, será la que por suma mecánica de votos y dependiendo de la diferencia entre el Araúz y Lasso, podría ser quien defina el ganador.
Para un sector que históricamente ha estado pertenecido a la izquierda, no le será fácil plantear que pesan más sus contradicciones políticas con Rafael Correa, que la diferencia político-ideológica con la derecha nacional que representa Lasso, que además es el continuador de la política que decidió abrazar Lenín Moreno, y que ha hecho retroceder décadas a Ecuador en cuanto a derechos y oportunidades en el único país al sur del río Grande cuya moneda oficial también es el dólar.
La carrera de la derecha por evitar el regreso del correísmo le ha llevado a cometer injusticias como el encarcelamiento del vicepresidente Jorge Glas, quien se halla privado de la libertad en medio de un proceso judicial lleno de vicios. Por otro lado, dirigieron todo su aparato a perseguir, desterrar e ilegalizar cualquier posibilidad de participación electoral de la izquierda. Finalmente, en diciembre de 2020 quedó libre el camino para que la dupla Araúz-Rabascall participe en la contienda.
Falta la prueba de fuego, que es el proceso electoral en sí mismo. La historia reciente ha probado que la izquierda no se puede dar el lujo de ganar por una diferencia mínima, ya que esa situación abre la puerta a los posibles fraudes o a las declaratorias de ilegitimidad o ilegalidad por parte de la derecha, que tiene en la OEA su principal aliado.
La posibilidad de que el Pachakutik, en el posible escenario de un balotaje, se decida por no sumarse abiertamente a ninguno, sino que declare la libertad de voto a sus electores, hará que los números sean un poco menos claros, pero se podría inferir que la mayor parte de los votos se vayan con Araúz y Rabascall.
Ecuador está atravesando una de sus crisis más profundas desde los años de la dolarización, la población ha pasado de vivir en una apacible capa media, a regresar a los sectores más sumergidos y ver cómo la capacidad de resolver sus necesidades básicas y alguna otra más, se vio suplantada por la mera supervivencia. A diferencia de otros países, en Ecuador el gobierno no pudo culpar a la pandemia del declive en las condiciones de su población, por esa razón la protesta de octubre de 2019, antes de la pandemia, se regó como la pólvora.