El gobierno ha aportado a la enseñanza un presupuesto que, si bien puede mejorarse, implica un paso histórico. De todas maneras, el problema no es el dinero. Corea del Sur destina actualmente más de 20% del presupuesto nacional a la enseñanza, pero la clave de su éxito no está en cuánto, sino en cómo se utiliza el dinero. Porcentualmente, invierte la mitad que Estados Unidos en este rubro, pero obtiene resultados muy superiores a la primera potencia mundial. Hay varios ejemplos de países que, sin ser los que más invierten, obtienen mejores rendimientos. Si Corea del Sur, que unas pocas décadas atrás había quedado arruinada por la guerra, logró impulsar una revolución educativa que hoy asombra al mundo (aunque no todo en la misma es positivo e imitable), Uruguay puede y debe encabezar una verdadera transformación que en menos de cinco años lo lleve a ser un referente a nivel mundial. Tenemos sí los siguientes problemas: a) Paradigmas estrechos y miedo al cambio; b) la rigidez de un sistema educativo que dificulta cualquier intención de cambio; c) un exceso de organismos deliberativos y pseudoejecutivos en los que el debate se eterniza mientras el país clama por alguien que tome decisiones. Para colmo, las atribuciones se entrecruzan conflictivamente. El MEC, la ANEP, el Codicen, la Fenapes, la ADES y las ATD son sólo algunas siglas de un cronograma sin dudas participativo y pluralista pero altamente inoperante. Curiosamente, el que tiene las manos más atadas (sobre todo si hablamos de cambiar los programas educativos de Secundaria) es el mismísimo ministro de Educación, quienquiera sea que ocupe el cargo. Entre muchos otros puntos, proponemos modificar el programa de Secundaria agregando materias como Relaciones públicas, Relaciones humanas, Oratoria, Negociación, Mediación y Marketing, todo ello encuadrado en un programa más amplio que incluye el desarrollo de la inteligencia, con especial énfasis en creatividad y comunicación efectiva, oral y escrita. Se propone también el seguimiento de la actualidad nacional e internacional como complemento de Historia, en un plan de materia regular o mediante conferencias semanales de periodistas y/o profesores de Historia, ya que las noticias de hoy son la historia del mañana. Se aborda la creación cuotificada de gabinetes de psicólogos y coaches y la imperiosa necesidad del bilingüismo en todas las escuelas. La pregunta que cabe hacerse hoy es si el egresado de Secundaria es un joven que comprende por qué piensa como piensa y actúa como actúa; si domina técnicas de negociación, solución de conflictos y liderazgo, si domina técnicas modernas y efectivas de aprendizaje y, por tanto, la lectura crítica analítica. De acuerdo a un informe del Banco Mundial, sólo 15% de los egresados de Secundaria está capacitado para integrase al mercado laboral; pero no necesitamos que ningún organismo internacional nos asesore para darnos cuenta de las carencias de comunicación, lenguaje y razonamiento de nuestros jóvenes. Hoy, cuando todo el mundo opina sobre el tema, creo que estamos centrando la atención en la infraestructura (que es vital), el sistema de calificaciones y la creación de nuevos organismos de control, pero estamos dejando de lado lo más trascendente: la adecuación urgente de los programas de Secundaria a las necesidades del siglo XXI. Si tirios y troyanos nos ponemos de acuerdo en algunas de esas propuestas, lograremos que Uruguay lidere una revolución educativa a nivel mundial, sobre todo si adoptamos el sistema surcoreano de capacitación de por vida (“Life Long Learning Society”) y aceleramos la implementación del sistema de educación a distancia. Si dejamos de lado nuestras uruguayísimas pequeñeces e intereses sectoriales y visualizamos un país moderno, estaremos frente a una oportunidad histórica. Proponemos un cambio radical de paradigmas y programas. No alcanza con formar personas cultas; hay que formar personas inteligentes. Uruguay erradicó en el siglo XX el analfabetismo y en lo que va del siglo XXI está derrotando el analfabetismo digital. Llegó la hora de combatir el analfabetismo emocional, el camino más efectivo para disminuir la violencia doméstica y la violencia en general, entre muchos otros beneficios. Para implementar estas propuestas es fundamental que el gobierno continúe esforzándose para lograr en breve que los docentes tengan un solo lugar de trabajo, grupo de alumnos y colegas y una misma dirección y plan. Con ello, más la mejora salarial, el profesor evitará andar corriendo de uno a otro centro educativo con el desgaste físico, emocional y económico que implica.