«Fue un lindo desafío, porque en realidad no sabíamos qué características tenía el grupo de personas al que nos enfrentábamos. Sí sabíamos que había desde personas con niveles educativos no tan avanzados, hasta otras que ya trabajan en algunas empresas y hacen números; pero lo que lo que sí tenían en común todos es que tenían ganas de participar», destacó Peluffo.
Mediante estas instancias, que fueron más de diez talleres semanales en el territorio, Peluffo pudo constatar que a las personas que asisten a la olla «nunca nadie se había detenido a explicarles un montón de cosas, que son las reglas de juego con las que vivimos todos en la sociedad».
«No todo el mundo accede a una clase donde le expliquen esas reglas de juego, lo cual es una injusticia tremenda, por lo que el rol que tienen los sindicatos y la sociedad civil para aportar ahí es enorme», reflexionó.