La economía también juega un rol fundamental. Los agentes que son reasignados a áreas especiales, por ejemplo, ven reducido su salario al 65%, una carga pesada para quienes ya enfrentan problemas de salud derivados del trabajo, como lesiones por uso de armamento pesado o chalecos antibalas. “Este golpe al bolsillo se suma a los conflictos familiares y a la constante recarga horaria, generando una tormenta perfecta que afecta su estabilidad emocional”, agregó Alves.
Salud mental
La salud mental en la Policía no puede seguir siendo ignorada. Las autoridades deben priorizar acciones concretas, programas accesibles de apoyo psicológico y capacitaciones que permitan a los agentes y sus compañeros identificar signos tempranos de deterioro emocional. También es esencial revisar las condiciones laborales para aliviar los factores de estrés.
Cuidar a quienes cuidan es una responsabilidad colectiva. Una Policía que cuente con respaldo emocional y laboral es más fuerte, más eficaz y, sobre todo, más humana. El camino hacia una institución saludable empieza con decisiones valientes y compromiso genuino.