Además de la inseguridad alimentaria, señaló Cecilia, las personas se acercan a las iniciativas populares con otro tipo de necesidades como vestimenta y en busca de apoyo en diferentes trámites. Esta situación responde, en parte, a que dejaron de existir los Socat y otros programas que contenían ese tipo de demandas. "Esa ayuda dejó de existir y la gente quedó desamparada, el pedido de ayuda siempre viene a la olla e intentamos, con las pocas herramientas que tenemos, revolvernos para dar una mano".
Por otro lado, contó que en la olla de Ciudad Vieja, que funciona en el Museo de las Migraciones, entregan entre 350 y 370 porciones por lunes, cifra que han notado que se duplica los días feriados, ya que los comedores y puntos de alimentación del nuevo plan del Mides "no funcionan".
Consultada sobre el impacto de la crisis del agua potable en las ollas populares, la vocera aseguró que esto "complejizó" la situación, pero que la han enfrentado "en base a la solidaridad". "Cocinamos con el agua que hay, y estamos procurando con un vecino de un comercio, que tiene un aparato que le quita la sal al agua, y llenamos los bidones en ese lugar y los trasladamos hasta acá para que [la gente] pueda tomar, hacerse café o mate".
Y añadió: "Vamos a empezar a recibir algo de apoyo con el plan ABC que no cubrirá todo pero es una ayuda. No solo les falta comida, salud y tienen sus derechos vulnerados, sino que tampoco tienen derecho a tomar agua en buenas condiciones".