El secretario del Interior de la central sindical uruguaya, Martín Cardozo, analizó el alcance de la campaña, el fortalecimiento del trabajo territorial de los plenarios intersindicales y de las brigadas que salen al territorio cuando la gente las necesita.
¿Qué evaluación hace de la Campaña del Abrigo 2026?
Cuando se lanzó la campaña realizamos una instancia plenaria con representantes de todos los departamentos del país, donde se plantearon las características y el objetivo de seguir ampliando la solidaridad que nuestra central viene impulsando desde hace años. La primera señal positiva fue que los 18 plenarios departamentales del interior respondieron de inmediato. Se definieron los responsables de la campaña en cada departamento, así como los lugares y horarios para recibir las donaciones. Esa fue la primera etapa de la Campaña del Abrigo.
La segunda fue la receptividad de la población. En estas situaciones, más allá de la orientación política, la ideología, el departamento o la clase social, hay un denominador común: el uruguayo es solidario. No solo respondió el movimiento sindical, sino también los jóvenes. Es justo mencionar a la juventud del Partido Comunista, que históricamente se pone estas campañas al hombro, pero igualmente corresponde destacar el importante aporte realizado por la juventud del Partido Colorado en esta movida solidaria.
Se recibieron frazadas, ropa para niños y adultos, equipos de trabajo y muchas otras prendas. La solidaridad trascendió ampliamente al movimiento sindical y eso se vio reflejado en todos los departamentos. Y me gustaría mencionar que hubo dos sectores políticos partidarios que hicieron aportes muy significativos de solidaridad con sus propios procesos de recolección y acopio, que nos hicieron llegar a la central. Fueron jóvenes del Partido Colorado y de la Unión de Juventudes Comunistas. Y eso fue muy relevante para nosotros, porque ese es el espíritu con el que todos los años tratamos de llevar adelante una iniciativa solidaria de esta magnitud que está destinada a darle una mano a las personas y familias que más lo necesitan.
¿Disponen de cifras sobre la magnitud de las donaciones que se pudieron recopilar durante este proceso?
Mantener una trazabilidad exacta no es sencillo por cuestiones vinculadas al funcionamiento de la campaña. Por ejemplo, hubo departamentos que recibían donaciones y las entregaban de forma inmediata, lo que dificulta llevar un registro preciso. De todos modos, el año pasado se contabilizaron unas 14.000 prendas y, en esta campaña, estimamos que fueron 22.443, concentradas en la central.
Este año hubo un primer cargamento que fue enviado a Salto, en coordinación con el CECOED, y el gran volumen de prendas recolectadas se entregó al Mides.
Sí, así es. Lo de Salto surgió a raíz del fenómeno climático. También es importante destacar que, cuando el Plenario de Salto solicitó ayuda a nuestra central, al día siguiente ya se estaban enviando las prendas. Ahora comienza una segunda etapa, en la que las donaciones han sido entregadas a través del MIDES, que será el organismo que las distribuirá de acuerdo con la demanda de los distintos departamentos.
Se calcula que hay unas 9.000 personas en situación de calle en todo el país; esos son los datos oficiales y por tanto, es muchísima la gente que necesita una mano solidaria.
¿Ya están pensando en las próximas campañas del abrigo?
Sí. El objetivo no es solamente superar el año que viene la cantidad de donaciones, como ocurrió en esta edición respecto a la anterior, sino también extender la campaña a los asentamientos. La idea es no trabajar únicamente a través del Mides, sino que nuestra central y nuestros militantes puedan tener un contacto directo, en el marco de la Campaña del Abrigo, con las personas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
¿Es mucho más duro ser sindicalista o afiliarse a un sindicato en el interior?
Esa es una realidad histórica. Mi rol como secretario de Interior en el Secretariado Ejecutivo me ha llevado a recorrer permanentemente el interior. Militar en un sindicato en el interior cuesta mucho más. No es lo mismo hacerlo en Rivera que en Montevideo o Canelones, ya sea por cuestiones ideológicas o por el volumen de población. Militar en el interior no es fácil. Existe una relación histórica muy estrecha entre quienes integran la comunidad. En el interior, uno se cruza con las autoridades, con los dueños de las empresas, en el pueblo, en el barrio o en la cancha de baby fútbol. Eso hace que todos se conozcan y que, cuando alguien es militante social o dirigente sindical, pueda ser estigmatizado, cuestionado o incluso perseguido. En definitiva, termina integrando una especie de «lista negra». Si por diferentes razones un dirigente sindical pierde su trabajo, es muy difícil que otra empresa lo contrate, porque ya saben quién es y esa información suele circular entre los empleadores. A eso se suma una cuestión ideológica. Históricamente la mayoría de las intendencias han sido gobernadas por el Partido Nacional. En Rivera, en cambio, predominó el Partido Colorado. Y ese fenómeno más conservador también influye. Muchas veces los intendentes terminan funcionando como una especie de «señores feudales». El poder que tienen en sus departamentos es muy grande y eso genera que la militancia no sea sencilla. Quienes militan en el interior son grandes trabajadores sociales. Y cuanto más lejos se está de la capital, mayores son las dificultades. También cuesta más el vínculo con los ministerios, particularmente con el Ministerio de Trabajo y las inspecciones laborales. Todo eso dificulta la afiliación sindical y el trabajo militante. Además, hay un componente vinculado al mercado laboral. Mientras el promedio de informalidad en Uruguay ronda entre el 18 % y el 19 %, en el interior, incluso los departamentos con menor informalidad superan el 30 %, y eso también repercute en el desarrollo del movimiento sindical.
El movimiento sindical resolvió realizar este año algunas sesiones del Secretariado Ejecutivo en el interior del país como forma de acercamiento y escucha. ¿Ustedes consideran que se ha logrado fortalecer el vínculo con la gente en el interior?
Sí. Desde mi perspectiva, sesionar en el interior fue una de las mejores resoluciones que pudo tomar el Secretariado porque táctica y estratégicamente le da una connotación diferente al trabajo de la central. La última sesión del Secretariado en el interior fue en San José y los propios medios la definían como un hecho histórico, a pesar de que estamos a apenas 100 kilómetros de Montevideo.
El 4 de agosto visitaremos Cerro Largo, pero ya estuvimos en Paysandú y Salto. Eso genera una mayor cercanía, porque, hablando en términos generales, muchas veces el interior siente que Montevideo es otro país. Desde el punto de vista táctico y estratégico, el acercamiento a los sindicatos y a la realidad cotidiana del mundo del trabajo y de las relaciones laborales fortalece el vínculo con los trabajadores. Que los dirigentes nacionales vayan al interior genera cercanía y potencia la organización. También es importante que se acerque la gente joven. Sinceramente creo que es una de las resoluciones más importantes que ha tomado nuestro Secretariado. En el interior lo ven como un hecho muy positivo y es una valoración recíproca. Como responsable de los plenarios del interior, percibo que esta decisión es muy bien recibida y que aporta mucho, porque no se trata solamente de ir a hacer prensa. Se realizan actividades con los plenarios, reuniones y asambleas en los lugares de trabajo, además de encuentros abiertos donde pueden participar vecinos y trabajadores, estén o no afiliados, para plantear sus demandas. Eso es muy positivo para el mundo del trabajo y para que nuestra central tenga una presencia más activa en el interior.
Y por supuesto, creo que es muy bien valorado el trabajo solidario que históricamente han realizado y sostienen las distintas brigadas que funcionan muy bien, como la Agustín Pedrosa del SUNCA, o las brigadas de la FFSP, AUTE o SINTEP, tan solo por mencionar algunas.
De esos encuentros del Secretariado Ejecutivo con vecinos y vecinas que tal vez ni siquiera pertenecen a un sindicato y realizan consultas, ¿han logrado contrarrestar las campañas de estigmatización de las derechas?
Sí. Hay un mote histórico que utilizan las derechas y las campañas de odio en redes que es muy burdo. Cuando no tienen argumentos, lo primero que dicen es: «Estos son los del FA-PIT», con lo que pretenden instalar la idea de que el PIT-CNT es un brazo ejecutor del Frente Amplio o que actúa corporativamente con esa fuerza política.
Cuando vamos al interior y damos estas discusiones, podemos rebatir esos planteos con argumentos. Lo conversábamos hace poco en Rivera y también en San José. Lo primero que aparece es ese «FA-PIT», usado como un insulto o una forma de estigmatizar a una central histórica que ha demostrado, justamente, todo lo contrario.
Nuestra central nunca se ha limitado a defender únicamente los intereses de sus afiliados, como los salarios o las condiciones de trabajo. La Campaña del Abrigo es un claro ejemplo de ello.
Históricamente el PIT-CNT ha defendido las empresas públicas, luchó contra la dictadura, impulsó ollas populares y desarrolla campañas solidarias como la del abrigo, sin preguntarle a nadie si está afiliado o no, o si pertenece al Frente Amplio, al Partido Colorado, al Partido Nacional o a Cabildo Abierto. Eso es lo primero que hay que subrayar. Nuestra central no es corporativista y mantiene su independencia de clase.
También lo hemos demostrado en distintos temas. En la discusión sobre el aporte del 1 % del 1 % más rico de la sociedad hubo sectores del Frente Amplio que estuvieron en contra de nuestra posición. Lo mismo ocurrió con el plebiscito de la Seguridad Social y con las AFAP. Hay muchos ejemplos que muestran que no somos un brazo del Frente Amplio y que hemos impulsado propuestas con las que ese partido no ha coincidido.
Y también hay que decir algo más: si así fuera, tampoco tendría nada de malo. Los últimos ministros de Ganadería, Fernando Mattos y Carlos María Uriarte, fueron presidentes de la Asociación Rural del Uruguay y de la Federación Rural, respectivamente. Es decir, también hay sectores de la derecha que llegan al gobierno desde organizaciones sociales. No hay nada de malo en eso. Pero lo que sí corresponde señalar es que, históricamente, el PIT-CNT nunca se limitó a una defensa corporativa de sus afiliados. Siempre ha elaborado propuestas orientadas a mejorar las condiciones de vida del conjunto del pueblo.