ver más

Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de {}. Si ya formas parte de la comunidad, .

{# Opciones de Suscripción #} {# DESCOMENTAR AL IMPLEMENTAR: #} {# {% for n, m in this.getPaywallPlans('thinkindot', 'plans') %} {% if (m.tab == "all" or m.tab == "mensual") %} #}

{{m.shortDescription}}

{{m.title}} {{m.price}} mensual
{# {% endif %} {% endfor %} #} {# estos links no sé como se llenarian #}

Desinternación infantil: "Ni el Estado ni las organizaciones pueden reemplazar el rol de la familia"

Caras y Caretas dialogó con Lucy Medina (INAU) y Ana Clara Llopart (El Abrojo) sobre la meta del Gobierno de retirar a 196 bebés de los centros 24 horas.

En Uruguay 196 niños y niñas de entre 0 y 3 años viven actualmente en centros 24 horas —según datos con corte a setiembre actualizados por Caras y Caretas con fuentes del INAU—. En un sistema de protección especial que abarca a 8.968 niños y adolescentes de 0 a 18 años en todo el país —de los cuales unos 5.000 están en esquemas familiares y cerca de 3.000 en hogares—, la primera infancia institucionalizada representa la prioridad inmediata del Gobierno en materia de protección social. El objetivo trazado para este quinquenio es erradicar el ingreso y la permanencia de bebés y niños pequeños en centros de cuidado residencial, garantizando que crezcan en un entorno familiar.

Con ese horizonte, el Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) lanzó el pasado 4 de agosto el Plan de desinternación de niños de 0 a 3 años, acompañado de una campaña de comunicación y concientización pública. La iniciativa busca revertir la institucionalización temprana promoviendo tres vías alternativas según la realidad de cada caso: el fortalecimiento de la familia de origen o extensa (tío, abuelos o familiar con quien tengan un vínculo significativo), el acogimiento familiar y la adopción.

El plan comenzó a desplegarse en el área metropolitana como primera etapa antes de extenderse al resto del país. La estrategia se cimentó durante 2025 mediante un convenio con Unicef que permitió diseñar las herramientas de gestión, la adecuación institucional y la formación técnica necesaria. A esto se sumó, durante el primer semestre de 2026, un llamado público a organizaciones de la sociedad civil para poner en marcha los proyectos territoriales que acompañen este cambio de modelo. Las organizaciones seleccionadas fueron El Abrojo y Juventud para Cristo en Montevideo, y Aldeas Infantiles en Canelones.

La evidencia técnica

El fundamento de este plan institucional radica en el impacto que genera el entorno residencial durante los primeros meses de vida. Lucy Medina, directora de la Unidad Programática de Acogimiento Familiar (UPAF) del INAU, explicó a Caras y Caretas que el propósito central es “garantizar la desinternación de la primera infancia mediante el fortalecimiento de los referentes familiares de origen o la derivación a modalidades de cuidado transitorio mientras se trabaja en la respuesta definitiva”.

Desde la perspectiva del desarrollo infantil, Medina advirtió sobre las secuelas que produce la vida institucionalizada a edades tempranas: “Tenemos evidencia desde la neurociencia de todo el daño psicológico, neurobiológico, emocional, afectivo, que implica el desarrollarse o el vivir desde los primeros años en un contexto de institución de residencia de un hogar 24 horas”. La jerarca remarcó que un bebé requiere una “atención singularizada” que en una residencia no se logra cumplir por completo: “Un bebé no habla, no expresa, llora y llora por hambre, llora porque algo le está pasando y tiene que haber un adulto que pueda interpretar esa necesidad. Imagínate en un contexto donde hay muchos niños y pocos educadores que puedan responder la demanda, educadores que van cambiando de turno, que por más que estén muy bien capacitados y tengan toda la sensibilidad del mundo, no tienen posibilidades de cumplir con esa atención individualizada que es central en los primeros años de vida”.

Por su parte, Ana Clara Llopart, vocera técnica de la organización de la sociedad civil El Abrojo, coincidió en que la estrategia institucional se apoya de forma estricta en el conocimiento científico acumulado. “Esta campaña de desinternación está sustentada en la evidencia científica, primero del daño que provoca la institucionalización en los niños y sobre todo en la primera infancia, donde con poquito tiempo de internación ya se observan los efectos negativos en el neurodesarrollo, por ser una etapa en la cual es tan importante el cuidado singular, afectuoso, donde haya referentes estables, que es algo que un centro 24 horas no puede brindar”, indicó.

Llopart subrayó además el cambio de paradigma conceptual respecto a las décadas previas, señalando que la protección no puede entenderse como el aislamiento del niño en una institución. “Antes se respondía a un modelo según el cual, si se detectaba una vulneración de derechos hacia un niño, se lo retiraba de su familia entendiéndolo como una forma de protección. Pero la evidencia científica demostró que no es así: la internación también genera daños y ni las organizaciones de la sociedad civil ni el Estado somos capaces de generar un dispositivo familiar artificial. No existe otro espacio que la familia para cumplir ese rol”, sostuvo.

Familias amigas: un puente hacia la solución definitiva

Para dar respuesta a los meses en que se evalúa la situación legal y familiar de cada niño, la figura de la "familia amiga" funciona como un mecanismo transitorio. “En los bebés de 0 a 3 años hablamos de un promedio de tiempo de acogimiento de 8 meses, que puede ser un poco más o un poco menos. Para muchas personas puede parecer poco, pero en la vida de un niño que capaz que tiene seis meses es muchísimo tiempo”, afirmó Llopart. Durante ese período, los equipos profesionales indagan si es posible el retorno con la familia de origen o extensa, o si corresponde tramitar la adopción.

Por su parte, Medina coincidió en que “la familia amiga funciona como una especie de puente hasta que se encuentra una respuesta estable y definitiva para cada sujeto de derecho”. Añadió que, actualmente, a nivel nacional, esta red de cuidado transitorio cuenta con 128 familias amigas activas con 316 niños, niñas y adolescentes integrados en esa modalidad. No obstante, calificó ese número como “acotado” para cubrir la demanda nacional y señaló que tras el lanzamiento del plan y de la campaña de bien público, y hasta setiembre, se contabilizaron 335 nuevas familias para acoger a bebés de entre 0 y 3 años. “La mayoría de estas familias ya están transitando los distintos procesos. Algunas están realizando las charlas informativas y otras están en etapa de valoración. Otras, por diferentes motivos, fueron desestimadas o las propias familias entendieron que la propuesta no era lo que ellos esperaban y desistieron”, detalló Medina. La jerarca reconoció que son varias las familias que desisten, por lo cual “sumar nuevas familias es un desafío importante”.

Consultada sobre los motivos más frecuentes por los cuales algunas familias deciden no continuar con el proceso, mencionó que muchas familias se acercan con el deseo de adoptar, que no es el objetivo del programa Familia Amiga. Contó también que algunas familias piensan que se trata de un trabajo remunerado, algo que tampoco es correcto.

El miedo al desapego

Respecto a los miedos frecuentes sobre la separación afectiva y el proceso de apego una vez que el niño pasa a su familia definitiva, ambas técnicas argumentaron que la vivencia de un vínculo de cuidado primario siempre supera los riesgos del desapego en un centro residencial. “Por supuesto que todo esto es traumático, porque estamos hablando de que hay un evento traumático que ya sucedió, que fue la separación de su familia de origen”, señaló Llopart. En esa línea, fundamentó la preferencia por el acogimiento familiar: “Si un niño está en un centro 24 horas, el desapego va a suceder igual, porque se trabaja justamente para que en algún momento dejen la institución. El tema es que es preferible que suceda una separación habiendo habido un vínculo de apego con cuidado, donde esos recursos y ese desarrollo que se dio en ese momento queda en el bagaje de ese niño, a que transite en un hogar donde no hubo un cuidador estable ni una figura de apego”. También aclaró que las familias acogedoras pueden mantener el contacto según la disposición del núcleo definitivo: “Nuestra idea es que ese vínculo pueda continuarse. Claramente que eso después depende de la familia que recibe de forma definitiva al niño, ya sea la familia origen o una familia adoptiva, pero nuestra idea es poder ampliarles las redes a los niños, no cortárselas”.

Desde el INAU, Medina coincidió en que “el temor al desapego existe” y que es “entendible”, aunque aseguró que ese sentimiento suele desaparecer cuando se comprende el espíritu de la propuesta del acogimiento familiar. “Más allá de los miedos, existe una experiencia de las familias amigas que han recibido niños a lo largo de los años, que comprenden cuando a ese niño le llegó el momento de tener una respuesta definitiva, estable y protectora, que volvió con su familia de origen o que finalmente se fue con una familia adoptiva. Entonces, cuando el foco está puesto en el niño y no en el adulto, creo que esos miedos se pueden transformar en un sentimiento de gratificación al ver que contribuyeron, que pudieron generar una oportunidad en un momento de vulneración, donde el bebé o niño necesitaba un cuidado sensible. Las familias que son parte de esta red de apoyo y cuidado lo comprenden. Entienden que ese niño pasó a estar en un lugar de cuidado estable y sienten que es gratificante haber sido parte de ese proceso, dejar una huella positiva en ese niño. Muchas familias nos devuelven eso, y también nos manifiestan el recuerdo que dejan los niños y niñas al integrar sus familias”.

Más allá de que el programa apela a la comprensión y la centralidad de las infancias, la jerarca del INAU aseguró que los equipos técnicos apuntan a acompañar el proceso emocional de las familias amigas y de las infancias. “El equipo acompaña y trabaja todo el tema del apego y el duelo durante el proceso de valoración, en el entendido de que el carácter transitorio de la propuesta es algo que preocupa, y también hay un acompañamiento en la comprensión de lo que significa dar ese paso de dejar ir a ese niño. Todas las personas que tienen hijos en algún momento de la vida los dejan ir, por más que duela, por más que obviamente hay afecto, la autonomía y la independencia también es parte de crecer”.

Requisitos, proceso y funcionamiento del plan

¿Quiénes pueden convertirse en familias amigas?, ¿qué requisitos deben cumplir?, ¿cuánto demora el proceso? Sobre este punto, la vocera de El Abrojo explicó que las familias deben ser integradas por referentes mayores de 25 años, disponer de tiempo para el cuidado y contar con ingresos propios que les permitan sostener la economía del hogar. No pueden estar inscriptas en el Registro Único de Adopción (RUA), dado que el objetivo no es la adopción, sino el apoyo temporal. Se aceptan diversidades familiares: núcleos monoparentales, parejas con o sin hijos, sin límite máximo de edad.

Si bien el INAU otorga una transferencia equivalente a tres Bases de Prestaciones y Contribuciones (BPC) por cada niño acogido, Medina explicó que no se trata de una remuneración salarial, ya que “es una propuesta de carácter solidario” en la que la transferencia funciona como “un apoyo económico que contempla las necesidades que puede tener cualquier niño o niña en su desarrollo”. En caso de detectar que la motivación inicial de la familia postulante es adoptar, la jerarca indicó que se redirige la solicitud al Departamento de Adopciones del organismo.

El proceso de postulación y evaluación se realiza de manera conjunta entre el Estado y las organizaciones sociales contratadas (Juventud para Cristo, Aldeas Infantiles y El Abrojo). En el caso de El Abrojo, Llopart explicó que el primer contacto se realiza a través de su formulario web, tras lo cual se realiza una entrevista informativa presencial donde las familias pueden hacer preguntas, y luego se elabora un informe preliminar. Posteriormente, el proceso pasa al INAU, donde una dupla psicosocial (integrada por un profesional de la psicología y uno del trabajo social) realiza entre cinco y siete encuentros evaluativos, que incluyen entrevistas en oficina y visitas al domicilio. “Es importante aclarar que las personas pueden llenar el formulario inicial para solicitar información sin que esa acción genere un compromiso. Entendemos que se trata de una decisión importante que requiere poder tener instancias personales para sacarse dudas, etapa que viene luego del llenado del formulario”, señaló la vocera de El Abrojo.

Según Medina, la agilización de estos pasos administrativos permite que el proceso completo para la habilitación de una familia insuma entre un mes y medio y dos meses. De hecho, la directora de la UPAF confirmó que en estas semanas ingresó el primer expediente administrativo con la aprobación de una familia amiga gestionada en el marco del nuevo convenio con El Abrojo.

La vocera también explicó que, durante el tiempo de acogimiento, las familias cuentan con el seguimiento presencial y telefónico permanente de las duplas técnicas de la organización.

Para finalizar, ambas entrevistadas dejaron claro que el éxito de este cambio de modelo en el cuidado y la protección de las infancias institucionalizadas radica en la comprensión profunda de la propuesta por parte de la sociedad y en la construcción de un compromiso colectivo. Para Lucy Medina, la clave para consolidar esta transformación pasa por informar con claridad a la ciudadanía para que cada vez más personas decidan sumarse a la iniciativa. “Nuestro objetivo es que la gente comprenda bien la propuesta para estar convencida de que puede formar parte de esta red activa junto con INAU y las organizaciones sociales, dando respuesta a una necesidad tan primordial como es el cuidado sensible de los chiquitos de nuestro país”.

En la misma línea, Llopart remarcó que el espíritu de la iniciativa busca interpelar la forma en que la sociedad en su conjunto se involucra en la protección de los más pequeños. “Uruguay está transformando su modelo de protección para la primera infancia y para transformar el modelo necesitamos construir alternativas familiares. No se trata solo de desinternar, sino que además tenemos que crear alternativas de vida en familia. Para esto es que surge el dispositivo de Familia Amiga, para abordar el problema de la infancia como una responsabilidad comunitaria donde todos podemos aportar desde nuestro lugar”.

Temas

Más Leídas

Seguí Leyendo