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Eugenia, rapera uruguaya atrapada en Francia: sin documentos y sin trabajo, sufre violencia

Eugenia, rapera de Se armó Kokoa enfrenta un divorcio violento, deudas y el riesgo de perder a su hija. "Deseo volver a mi país y salir de esta situación de aislamiento y violencia".

Eugenia llegó a Francia hace ocho años. Allí, sola, en una sociedad profundamente machista, el padre de su hija, blanco, europeo, con un doctorado en física, pretende separarla de su niña, quedarse con la tenencia, con el apartamento y que sea ella quien le pase dinero. No la ayuda económicamente y pretende destruirla.

Eugenia no puede volver a Uruguay, porque perdería la tenencia.

"Yo estoy en Francia con la única razón de estar cerca de mi niña", dice Eugenia en un video que compartió con la comunidad. "Si yo me hubiera podido ir de Francia con mi hija, lo hubiera hecho hace mucho tiempo. Y de hecho deseo profundamente poder volver a mi país y salir de esta situación de aislamiento y de violencia en la que estoy".

"Mi hija de 5 años tuvo que presenciar esa situación"

Eugenia conoció a un estudiante francés en Uruguay, se enamoraron, y ella se fue a vivir con él. Tuvieron una hija, Ámbar, en diciembre de 2018. Pero algo pasó en el parto: Eugenia estaba débil, recién parida, y él se encargó de los trámites. Inscribió a la niña en el registro civil únicamente con su apellido. Ella no hablaba francés en ese momento y confió. Desde entonces, para cualquier gestión con su hija como un estudio médico, una inscripción escolar o un viaje, Eugenia tiene que demostrar que es la madre.

"Yo pedí que si no estaba consciente o no estaba presente en el momento de la inscripción, por favor que se la inscribiera con mi apellido y con el apellido de él. Él la escribió solamente con su apellido", relata Eugenia. "Para poder hacer pasaporte uruguayo de mi niña se pidieron un montón de documentos. En ese momento, la persona que siempre hizo todas las cuestiones administrativas que me correspondían era él, pues era el que hablaba el idioma".

Esa "ayuda" se convirtió rápidamente en control. Él manejaba sus mails, sus visas, sus cuentas bancarias. Hasta 2024, Eugenia dice que él tenía acceso a toda su correspondencia.

La relación se fue deteriorando. Eugenia cayó en una depresión, tuvo dificultades para adaptarse a la sociedad francesa, y empezaron los conflictos con él y con su familia por la crianza de la niña. "Yo solamente pedía cosas normales, como tener autoridad como mamá, no se me permitía", cuenta. "Ellos normalizaban esto".

Él la echó de la casa cuando ella no quiso mantener una relación romántica. Eugenia, sin conocer sus derechos, aceptó irse a un apartamento a diez minutos de distancia. Durante un año, él le limitó el acceso a su hija. El estrés la llevó a tener convulsiones y varias internaciones. Los médicos determinaron que formaban parte de un estrés postraumático.

En 2024, él le propuso volver a Uruguay. "Volvete en marzo, inscribimos a Ámbar en la escuela francesa de Montevideo, encontrás un apartamento y un contrato de trabajo, y yo voy a la mitad del año", recuerda Eugenia que él le dijo. Ella se fue, buscó casa, anotó a la nena. Pero algo no cerraba: por teléfono, Ámbar contaba cosas alarmantes.

Ya no era el mismo

Eugenia volvió a Francia a principios de 2024. Y él ya no era el mismo. "Cuando vuelvo en 2024, había cambiado completamente de cara, ya no era la misma persona", dice.

El punto de quiebre fue en agosto de 2024. Eugenia relata que él se fue por una semana "a pensar", y trajo a su madre para que se quedara con ellas. La suegra le sacó los documentos, la libreta de familia, los papeles de la hija.

A la semana, él volvió y le dijo a la niña: "Prepárate que nos vamos a tu nueva casa, te preparo un cuarto y vas a vivir conmigo y con mi pareja", según relata.

Eugenia entró en pánico y llamó a una amiga abogada. Cuando él intentó llevarse a la nena, forcejearon. Él la empujó, ella cayó al piso, se golpeó la cabeza y convulsionó. Él se asustó y la socorrió. "Mi hija de 5 años tuvo que presenciar esa situación", dice Eugenia.

La amiga llegó minutos después. Hablaron dos horas. Él se fue y dejó a la niña.

Una semana después, llegó la notificación del divorcio. Él pedía la custodia total, que ella le pagara una pensión y la recuperación del apartamento. Las razones: que ella tenía "problemas psiquiátricos", que había "abandonado" a su hija, y que se había ido a Uruguay "detrás de otro hombre".

Eugenia dice que nunca existieron pruebas porque nunca pasó.

"Le tuve que pagar las deudas de él para poder quedarme a vivir ahí"

El apartamento donde Eugenia vive hoy, es otro conflicto. Cuando se separaron, él quiso desentenderse del alquiler. La garantía era de la madre de él. Eugenia, para poder quedarse, tuvo que pagar una deuda que él había dejado. "Le tuvo que pagar las deudas de él para poder quedarse a vivir ahí", contó la rapera Eli Almic, una amiga que la apoya desde Uruguay y con quien Caras y Caretas está en contacto hace varios meses, siguiendo esta situación.

"Es un tipo que tiene tremendo sueldo, es doctorado en física, pero se desentendió", señaló Almic."Ahora, el dueño del apartamento la acosa cada dos días para que pague el alquiler", contó. Eugenia entiende la situación del propietario, pero está sin ingresos.

Sin documento, sin trabajo, sin ayuda

Desde agosto de 2025, Eugenia tiene su documento de residencia vencido. En enero de 2026 tuvo una cita en la prefectura para renovarlo, pero el cambio de estatus por el divorcio demoró todo. Las ayudas sociales de la CAF que le permitían pagar el alquiler y los gastos diarios se cortaron.

"Dejé de tener acceso a la salud. Él me sacó de la mutualista en donde estábamos los tres. No me avisó. Yo tenía que seguir mis tratamientos neurológicos y no me enteré sino hasta que me dijeron: tal medicamento tenés que pagar 100 euros", relató.

Hace un año que no puede trabajar. La deuda de alquiler vuelve a acumularse. Hace unos meses, una colecta organizada por amigas y conocidas juntó cerca de 3 mil dólares para pagar dos meses y medio de atraso. Ahora debe dos meses más.

La Embajada de Uruguay en Francia y la Embajada Francesa en Uruguay llamaron a la prefectura, pero hasta ahora no hubo una solución concreta.

Manipulador y violento

El juicio de divorcio está en su etapa final, con una apelación en curso. Por ahora, la custodia es compartida, pero él quiere la totalidad. En su defensa, el padre argumenta que Eugenia tiene una "enfermedad psiquiátrica" y que no puede sostener económicamente a la niña.

Eugenia dice que su salud mejoró mucho, que lo económico es lo grave. Pero lo que más la aterra es perder a su hija.

"El poder que él tiene en este momento es que la ley va a decir: este niño tiene que estar en un lugar seguro. Si su madre no está pudiendo sostener la vida de esta niña, lo mejor es que se quede con el padre hasta que la situación de su madre se resuelva", explica.

"El peligro de esto es que estamos frente a una persona totalmente manipuladora, violenta, que es capaz de sacarme a mi hija y de no devolvérmela más", agrega.

Y advierte: "Los plazos, las apelaciones son tan largos. Nosotros hace dos años que estamos en divorcio, aún no se ha terminado. Imagínense para hacer una apelación para recuperar la custodia, son muchísimo más largos, pueden demorar muchos años. Entonces yo perdería totalmente acceso a la crianza de mi niña."

Ella también teme por su vida. "Él vivió muchos años en esta casa y sabe incluso cómo abrir las ventanas para poder entrar. Yo estoy sola", dice.

"No soy una persona libre en este momento"

Eugenia no puede trabajar, no puede viajar, no puede ver a su familia en Uruguay. Su carrera artística está frenada. Lo que más extraña, dice, es "comer un guisito con mi familia los domingos".

"He luchado muchísimo para mantener mi carrera artística y no he podido, está totalmente frenada y eso me duele muchísimo", confiesa.

"Hago como un último llamado para que esto llegue a las autoridades, para que la gente sepa lo que está pasando, que si un día tal vez yo no aparezco, sepa qué fue lo que pasó", dice con crudeza y expresó "me duele mucho no ser una persona libre porque no soy una persona libre en este momento."

Lo que necesita para salir de esta situación

El primer paso, dicen quienes la acompañan, es que Eugenia pueda renovar su documento. Eso le permitiría trabajar y recuperar la ayuda social de la CAF, que le cubre el alquiler. Con eso, podría sostener el techo y, por lo tanto, la custodia compartida de su hija. Pero mientras la prefectura no responda, el tiempo corre. La deuda crece. El juicio avanza. Y el riesgo de perder a su hija es real.

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